LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y DERECHOS HUMANOS: Los peores tiempos de la dictadura y el retorno de la persecución a periodistas

LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y DERECHOS HUMANOS: Los peores tiempos de la dictadura y el retorno de la persecución a periodistas

31 de enero de 2016 – Juan Manuel Mannarino es periodista especializado en coberturas de juicios de lesa humanidad y en materia de derechos humanos, trabaja para Infojus Noticias y recientemente escribió “Nunca disparó un tiro”, una gran nota producto de una fuerte investigación sobre Luciano Benjamín Menéndez, el genocida múltiplemente condenado por su responsabilidad en tanto jefe de la represión de “medio país”. En la entrevista que brindó para “Mañanas Nacionales” dijo, a partir del relevamiento del perfil del ex general y del reinicio de la megacausa por los crímenes en Córdoba, que en Argentina “hubo un plan sistemático de exterminio comprobado, que ejemplarmente se juzga a los responsables con tribunales, procesos y jueces propios” y que ése, prioritariamente, “es el aprendizaje más grande que tenemos que tener de nuestra historia para que no se vuelva a repetir”. También se refirió a la gravedad de los despidos de 13 personas en Infojus -como parte de los 500 desafectados hasta el momento en el Ministerio de Justicia de la Nación- y al “discurso de arremetida del gobierno respecto a ´ñoquis´ y militantes” contra, por ejemplo, los hacedores de un medio de comunicación “muy diverso, que llevó adelante un proyecto periodístico que puso en agenda temas que son conquistas sociales de estos años, como la violencia de género, lesa humanidad y violencia institucional”.

trabinfojsMannarino explicó que a partir del 10 diciembre pasado comenzaron los cambios de la nueva gestión en la Agencia de Noticias Infojus, bajo órbita del Ministerio de Justicia de la Nación. Para implantar nuevas líneas editoriales, inmediatamente fueron separados de manera violenta la subdirectora y el secretario de redacción, sometidos a la incertidumbre y finalmente despedidos de forma individual por ser “los de mayor confianza de la anterior gestión”. Sin embargo y tras evaluar a Infojus como “un medio de avanzada, con trabajos de calidad y un importante número de visitas”, las nuevas autoridades se comprometieron a no realizar nuevos despidos. A comienzos de la semana pasada se conocieron diez cesantías más: tres redactores, dos fotógrafos, dos productores de videos, una editora, un jefe editor y el encargado de redes sociales. Mannarino detalló las formas “brutales y violentas” de las “notificaciones”, que “hacen recordar a los peores tiempos de la dictadura”: “vas a tu trabajo y te bloquean el usuario, te enterás que te despidieron por tus compañeros y -si te notifican- nadie te explica nada”.

Como contrapartida a este escenario de desmantelamiento -el total de trece personas despedidas representa un cuarto del personal disponible de la agencia-, el periodista destaca la unidad y celeridad en la organización de los trabajadores, que se constituyeron en estado de asamblea permanente en procura de ser reincorporados y la amplia solidaridad de colegas de otros medios y trabajadoras y trabajadores estatales, sobre todo los 500 despedidos en Justicia. También dijo que en la semana el ministro Germán Garavano se reunió con los sindicatos y se comprometió a “revisar caso por caso”.

En el portal de trabajadoras y trabajadores de Infojus se encuentran apoyos como el siguiente, de la Comisión Provincial por la Memoria, que claramente describen la importancia de sostener estos medios: “Los derechos humanos en su dimensión más amplia formaron parte de nuestra agenda periodística. Las organizaciones sociales siempre encontraron en Infojus Noticias un aliado para cubrir sus luchas, siempre con compromiso por la información, con ética, y buscando la calidad periodística. Ante el despido injustificado de diez de nuestros compañeros, los organismos nos hacen llegar su apoyo”.

 

Entrevista al periodista Juan Manuel Mannarino, Informe de Sebastián Moro para “Mañanas Nacionales”, 29 de enero de 2016. 

El huevo y la serpiente

Luego de un trabajo que le demandó más de seis meses de investigación, con numerosas entrevistas y un minucioso chequeo de datos y fuentes corroboradas, Juan Manuel Mannarino publicó para Revista Anfibia -el portal periodístico de la Universidad Nacional de San Martín- un profundo perfil, “una crónica de largo aliento” de Luciano Benjamín Menéndez, ex general y jefe del III Cuerpo del Ejército y uno de los mayores responsables del genocidio durante la última dictadura cívico militar. Se trata de “Nunca disparó un tiro”, impecable nota que permite “entender cómo creció el huevo de la serpiente; cómo fue posible que una sociedad apoyara a un hombre tan sanguinario y que pensó que Argentina “vivió la Tercera Guerra Mundial entre Occidente y el marxismo” -y sin ser ninguna bestia: los represores fueron capaces de mandar a matar como de ser buenos vecinos-; cómo fue que manejó casi tanto poder como Videla; y cómo ahora, bajo prisión domiciliaria, festejó el triunfo electoral del último presidente”.

mencivsDebido al impacto que la nota tuvo -y en un contexto político en el que vuelve a apelarse al negacionismo y a la teoría de los dos demonios-, la Agencia Paco Urondo publicó a continuación la versión en primera persona del fotógrafo Juan Carlos Martínez, autor de la foto que en 1984 “dio la vuelta al mundo” y que fue actualizada para ilustrar la crónica de Mannarino. Martínez revela que “en lo personal, no puedo ocultar la satisfacción que todavía siento por haber participado en la cobertura de un episodio histórico respondiendo a una inquietud de las Madres en un momento tan particular como el que vivía entonces la Argentina. Episodio que dio la vuelta al mundo y que sirvió para poner de relieve dos cuestiones que se realimentaban (y se realimentan) entre sí. Una, la manipulación de la realidad que hacían dos  periodistas ‘estrellas’ como Neustadt y Grondona (referentes de los nuevos mercenarios del periodismo) al presentar ante la sociedad al genocidio como una guerra. Otra, darle espacio a un genocida como Menéndez para que un mensajero de la muerte nos hable del valor de la vida”.

Como ningún otro

El interés del periodista especializado por Menéndez surgió al realizar las coberturas de juicios de lesa humanidad en provincias como Córdoba, Mendoza, La Rioja y Catamarca, todas bajo órbita del general Menéndez en un total de diez y la segunda a nivel nacional en cuanto al grado de matanza y crímenes perpetrados Y “con un fundamental entramado de apoyo civil al plan sistemático”. En la crónica, Mannarino reconstruye “el linaje castrense” de Menéndez, con ancestros que intervinieron en la Campaña del Desierto, en las matanzas de anarquistas y comunistas y en las intentonas golpistas contra Perón. Él fue “preparado” en la Escuela Francesa luego de ser nombrado general en 1972, con 45 años de edad, cuando dijo que “necesitamos una guerra generación por generación”.

mencompsEntonces pudo hacer realidad sus deseos al dirigir en Tucumán el ‘Operativo Independencia’ en pleno gobierno democrático y luego encabezar la tremenda represión en todo el Centro, Norte y Oeste argentinos a partir del golpe de Estado con un “epicentro” del terror como el CCD ‘La Perla’, el segundo en el país en cuanto a cantidad de víctimas. De allí que Mannarino escribiera que “como ningún otro jefe antes de la dictadura, Menéndez se anticipó en estilo, forma y contenido: visitas periódicas a las tropas, creación de los primeros centros clandestinos -‘La escuelita de Famaillá’, en Tucumán, y ‘Campo de la Ribera’, en Córdoba-, una mesa de inteligencia con todas las fuerzas, y redacción de documentos fundacionales del golpe militar. Eufórico y con mano de acero, ‘Cachorro’ olía a sangre”.

A partir de 1978 y hasta la recuperación de la democracia, Menéndez se enfrascó en tironeos de poder con las sucesivas juntas de gobierno y con Jorge Rafael Videla. Luego llegaron las condenas a las Juntas y sobrevinieron las largas décadas de impunidad hasta que volvieron a ser encausados en los últimos diez años los hechos por delitos de lesa humanidad, aunque se dio tiempo para fundar en 1990 “el partido de ultraderecha ‘Nuevo Orden Republicano’, que propuso el retorno de las FFAA en la calle”.

Bajo sus botas

 

Menéndez se reveló como el “represor récord”: su dominio abarcó 15 mil efectivos, tres brigadas, 24 áreas y 20 regimientos en diez provincias, “la mitad del país”; y fue el máximo responsable de 238 centros clandestinos -78 en Tucumán y 59 en Córdoba. Mannarino resalta que “se lo acusa de ser el ‘autor de escritorio’ de secuestros, asesinatos, torturas y desapariciones: uno de los jefes de la dictadura militar que premeditó y planificó un ‘aparato organizado de poder’. Menéndez sabe que no podrá salir más en libertad: las condenas por lesa humanidad son imprescriptibles e inamnistiables”. Y en ese plano acumula 12 condenas por 382 años de prisión en 23 procesos distintos, todo un récord entre los 622 genocidas actualmente condenados.

menbotsA pesar de los sucesivos y simultáneos juzgamientos y condenas por los crímenes cometidos, Menéndez continúa a sus 88 años imperturbable ante la búsqueda y el dolor de los sobrevivientes porque desde fuera de la cárcel -goza de una cómoda libertad domiciliaria, como demuestra Mannarino en su nota- es el primer sostenedor del pacto de silencio. Esto pese a que “manejó tanto poder y se fue quedando cada vez más solo, en parte por la condena social de sus crímenes”.

El periodista explica que Menéndez “se jactó de aniquilar la ‘subversión’ antes que cualquier jefe militar”. De allí que -por ejemplo en Mendoza- reiteradamente haya sido mencionado en los testimonios orales y públicos de sobrevivientes que fueron sometidas y sometidos por su accionar, que “bajo la sombra de las botas de Menéndez nada podía crecer, nadie podía vivir” (ver sus alcances en San Juan, en el sur provincial y en Mendoza en 1979).

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