RECORRIDO DE SU OBRA Y DE SU PRESENTE: Pandolfo, el niño que creció saltando en público

RECORRIDO DE SU OBRA Y DE SU PRESENTE: Pandolfo, el niño que creció saltando en público

1 de marzo de 2015 – Los restos del desayuno fueron retirados de a poco, casi a desgano -o más bien con la cautela de quien no quiere interrumpir- por el mozo del hotel céntrico, logrando de esa manera llenar de más ruidos de platos chocando -y durante más tiempo-, al grabador que durante 40 minutos tomó las ideas, palabras, risas y aullidos de Palo Pandolfo. Fue el 20 de febrero, tras dar un recital imborrable con La Hermandad y músicos invitados en el Le Parc. Los silencios del Palo también captó el grabador -sin trizas de platos rotos- como cuando tras repasar momentos de sus bandas y de su vida -su oficio-, tomó aire y dijo: “Soy un artista de culto”. “Despacito y por las piedras” comparte aquí la audio nota de la única entrevista que brindó.

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La pregunta fue sobre el lugar que para él tiene hoy, a los 50 años, dentro del rock nacional, luego de dar bandas como Don Cornelio, Los Visitantes y La Fuerza Suave y de participar en numerosas producciones de muy amplia diversidad artística. Y más extensivamente sobre el lugar que tiene en eso que catalogamos como “cultura nacional” por su poesía recién ahora editada y publicada; por su compromiso desde el arte con “causas como las de Abuelas”; por su experiencia autogestiva; por sus pilas, honestidad brutal y fuerzas -como un pibe- al tocar en shows que ha llevado a cientos de rincones del país, donde en cada ciudad o pueblo tiene “unos cien rebelados -poetas, artistas visuales, cineastas, músicos, diseñadores-” que lo siguen y lo buscan, que lo escuchan y que -en parte por él- dicen, se expresan, buscan un camino.

“Soy un artista de culto” dijo, se dijo. El llamador había sido una nota periodística -inhallable en internet- de mediados de los 90, del suplemento SI de Clarín, en la que se había montado una enorme producción para la época por algún “aniversario” del rock nacional. La mayor parte del elenco estable, de los que venían asomando y rompiendo, y de las más diversas “extracciones” de sus “ramas” fueron fotografiados en el obelisco. Palo Pandolfo -que ya había hecho vanguardia y escuela, por ejemplo, con “Espiritango”, y que se adentraba con Visitantes en un camino más ligado a las discográficas con impecables álbumes como “Maderita” y de trance disruptivo en la banda y en su vida- fue invitado pero nunca llegó. Ya no recuerdo si equivocó la dirección -músicos, periodistas y productores hacían la previa en un café- o el día pero lo cierto es que no salió en la foto.

Tampoco recuerdo si fue él o un periodista, el que para otro “aniversario” del rock nacional pero esta vez para el suplemento NO de Página 12 -nota también inhallable en internet- recogió la anécdota y la enclavó -al menos en mi floja memoria- como el lugar de Palo Pandolfo -entonces, pero también latente hasta el presente- dentro del rock nacional: Un gran generador “inclasificable, anárquico o ecléctico”; convocado, rebelado, velado y revelado. Lo ejemplificó él durante la entrevista: “Espiritango fue un evento artístico, sin embargo no de ventas, vendió menos que Salud Universal”.

 

Palo Pandolfo sobre su lugar en el rock nacional.

A ultranza con la guitarrita

El punto de inflexión y de reconocimiento llegó en 2.010, el mejor año de su carrera -según dijo-, con 66 shows en vivo. Además de lo producido en más de dos décadas influyó la experiencia del año anterior, cuando se asumió como “productor independiente y autogestivo” de sus emprendimientos solistas y grupales, algo que “si bien siempre había hecho, me puse a laburar fuerte”. En 2.011 dio origen a La Hermandad, que en 2.013 editó a través de S-Music -compañía asociada con Goy Ogalde-, “Esto un abrazo”, primer disco de la banda que para este año espera otro lanzamiento. Para este 2.015 “que empezó de la mejor manera con el show de Le Parc” y que los encuentra “en su mejor momento, generando un fraternidad laboral que es un poco la fuerza de la banda. Vamos por más”.

Palo-Pandolfo-19-02-15-117Ese lugar y esa asunción es lo que felizmente le ha permitido sobrevivir y vivir de la música: “Hace 23 años que laburo de la música. Tengo tres hijos y mi mujer y yo nos mantenemos de nuestros trabajos artísticos, ella es dibujante y pintora y yo tengo la guitarrita”. En cuanto a la “supervivencia” la ancló más en los 90 antes que en los 80, iluminado u oscurecido por la vida personal: “En el 97 muere mi vieja y a los 45 días mi hermana. Y dije, “tengo que hacer algo de mi vida porque si no me muero yo”. Pedí un crédito a diez años y compré mi casa. Es decir, pagué un crédito hipotecario tocando la guitarra. O sea, en los 90 era un hippie perdido y de un momento a otro un burgués endeudado que debía fortunas. Vino la crisis terminal de 2.001 y seguía con la guitarrita. Me divorcié con la guitarrita, después hice una pareja, una familia y todo con la guitarrita. Es mi elemento de laburo. Y mi oficio es desarrollarlo a ultranza”.

“Aunque cada vez menos, laburo mucho como solista para no estar expuesto a situaciones como el Le Parc, con cachet, ocho pasajes, etcétera. Si un productor te llama de Comodoro Rivadavia es imposible que te paguen ocho pasajes. Entonces hacemos un dúo con el violero -Mariano Miéres, que viene de La Fuerza Suave- o armamos con un amigo percusionista shows en el oeste de Buenos Aires, más latinoamericanistas. O eventualmente llevamos al bajista y hacemos un show de trío, guitarra eléctrica, pistas acústicas y bajo. En la Hermandad hacemos como un juego cooperativo, como manager autogestivo me propongo que haya un piso de ganancia, que si lo llamo al baterista haya un piso de ganancia y si los cachet suben, hay porcentajes para cada uno. Hay una apertura de los números, soy bastante hippie en ese sentido y no puedo hacerme el boludo –el “tomá, uno para vos y diez para mí”, me da vergüenza, no me sale. Entonces, desde el principio, como pido compromiso hasta afectivo con lo que hacemos, es que hay una elasticidad laboral. Si no podemos ir seis, cinco ni cuatro, bueno, vamos tres”.

En cuanto a otros proyectos explicó que desde hace años tiene un dúo que hace tecno junto a Daniel Gorostegui, tecladista marplatense que estuvo en Don Cornelio y Visitantes, “un gran referente” en su vida musical. “Siempre hicimos tecno” dijo y evocó a temas como “Relámpago de cuchillos”, “Carne nueva”, “Paloma”, “Pájaro vuela”; “pero ahora en nuestros 50 vamos a lanzar este proyecto que es muy compartido” y del cual ya tienen nueve temas con base electrónicas. Y agregó: “Estoy chocho, haremos presentaciones esporádicas pero algo vamos a hacer, será por amor al arte”.

También contó que no le alcanza el tiempo, que labura mucho siendo manager, componiendo, ensayando y produciendo artísticamente para otras bandas amigas. Por eso el “bum” que exclamó para señalar que se involucra y termina produciendo y que los minutos libres que tiene se los dedica a sus hijos, si no “es una locura”. Y definió ese tiempo “libre” como “tiempo con calidad”.

 

Palo Pandolfo sobre el momento de La Hermandad, los niños y el público en Mendoza.

La verdad sensible, escapada

La remontada de Pandolfo acerca de la poesía y sus poemas lo llevó a 1.977 cuando tenía doce años. Explicó que “la primera que hice fue al modo de las pruebas de ensayo en SADAIC, que te dan un tema dado y vos le cambiás la letra. La hice con “Libros sapienciales” de Vox Dei. Usaba esa melodía que en un momento se liberaba y como que generé una coda personal. De ahí empecé a componer. Yo escribo para escribir canciones o dicho de otra manera, escribo para cantar. A los 14 caí de milagro a una librería por mi barrio de Flores y, porque me gustó la tapa, compré “Así hablaba Zaratustra” de Nietzche, escritores si los hay. A partir de ahí no paré de leer, mi hermana me regaló “Las doradas manzanas del sol” de Bradbury, fue muy fuerte ese año. Después empecé a comprarme libros”.

De ahí que “el superávit” de lo que gana haya ido a parar a “una biblioteca del carajo que domina el living”, compartida con su mujer en la nueva casa familiar. Allí se apelotonan “la colección entera de la revista Pelo, las Pin Up, las Humor desde el 78, las Fierro, los cómics que se te ocurran y los libros y vinilos que te puedas imaginar. La biblioteca es el corazón del hogar. Y con toda esa lectura empezás a escribir. Ya estás haciendo canciones. Un día te sentás ahí, estás deprimido, mal, la guitarra no la podés ni agarrar y escribís algo”.

Tapa-Palo-2Entonces reseñó su dispersa, anárquica, trayectoria literaria: “A los 15 escribía cuentos cortos, hice un fanzine en el 88, después integré un grupo de poesía en vivo, Los Borbonautas, y en el 96 Eudeba nos editó una obra de poesía colectiva freak. Ahora, a través de un amigo, Facundo Rodolfo Soto, un gran escritor que pertenece a la editorial Conejos, fan de toda la vida de Don Cornelio, me insistió mucho para que escribiera este primer libro”. Se refiere a “La estrella primera”, publicado el año pasado por Conejos y distribuido por Galerna, “aunque -señaló- si hay algo que hago por amor al arte es un libro de poesía”. Tom Lupo, que hizo el prólogo, definió su poesía como “ejercicio pleno de la libertad”.

Con eso no se refirió sólo a la nulidad de la poesía en el mercado editorial concentrado, también porque para hacer el libro sufrió “un aprendizaje tremendo”, ajeno a la habitualidad con que crea, edita y produce canciones. Fue Soto el que se ocupó de editar siete cuadernos de poesía del Palo, escritos entre 2.005 y 2.013, que por eso “fueron como creciendo en público” y ahora esperan su lado B, lo “más oscuro y envenenado” de su “núcleo sensible”, “dualidad” que quedó menos explorada en “La estrella primera”.

 

Palo Pandolfo sobre La estrella primera.

Risa roja

Para el cierre de la entrevista estaba pautado que Pandolfo narrara lo sentido en diciembre pasado, cuando en un escenario montado en Plaza de Mayo cantó “Dinosaurios” junto a Ignacio Guido Montoya Carlotto, en un emocionante acto público por el Día de la Democracia y los Derechos Humanos, en presencia de la feliz -por el hallazgo de Guido y de tantas nietas y nietos cuya identidades fueron recuperadas gracias a la lucha de Abuelas- Estela de Carlotto y la presidenta Cristina Fernández.

El stop del grabador guardó su última generosa risotada al contar que “con Dinosaurios viví el hecho político más trascendente de mi vida, fue una cumbre artística y política para mí. Mentalmente no estaba preparado pero sí energéticamente, no por nada estuve, fui conducido, todo me llevo ahí. Aunque parecía urticante estar rodeado de tantos funcionarios me gustó verme. Me sentí como Roger Rabitt entre seres humanos, toda esa gente dura, formal y casi densa y yo en otra película, con mi ropa, mi textura, abría los brazos, me daba vuelta. Estuvo lejos de molestarme. Más allá de las cosas que comparto del gobierno me decía “yo anarquista, yo punk, qué va a decir mi público”. Estaba como en otra película, en otra textura, como un dibujito animado y me gustó sentir eso, claramente soy diferente”.

Esa experiencia está ligada a otras que desde hace décadas mantiene con Estela y Abuelas, pero también con su “ser netamente político” que lo lleva a insistir que “Derecho debemos estudiar todos para tener todos la capacidad de ser presidenciables. Y tenemos que seguir depurando la política a mediano y largo plazo, o sea, un filtro democrático, porque después de la dictadura no quedó nada, los dirigentes políticos fueron torturados y masacrados, la mejor gente fue destruida, como los sindicalistas honestos e incorruptibles. Entonces, lo que quedó es lo que nos fuimos fumando y el “que se vayan todos es una pelotudez”, porque eso es lo que dejaron los milicos, es decir, por qué no se van los malditos fascistas”.

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Antes había repasado su vida política, como la de varias generaciones, impregnada de la sangre derramada por la historia argentina: “Hice la secundaria del ’78 al ’83, toda la dictadura. En el 81 nos afiliamos a la Federación Juvenil Comunista de Caballito. Para elegir tenías Franja Morada y la Fede, entonces elegí la Fede. Era la revolución de la bandera roja, enseguida empezamos a hacer escuelitas y no entendía por qué me hablaban tanto de la Unión Soviética, claro, era el PC. Hacía 30 años que eran vanguardia revolucionaria pero me molestaba que hablaran sólo de eso. Me fui. Cuando terminé la secundaria terminó la dictadura y terminó la militancia, cambió mi banda también, hice Don Cornelio, me puse a laburar, me separé de mi ex novia, hice lo que se me cantó el orto. Pero de alguna manera éramos muy politizados.”

Se acordó entonces de dos hechos, de dos marcas en la memoria: Primero, la marcha contra la dictadura el 30 de marzo de 1.982. Allí fue con dos amigos íntimos con los cuales  come “asados todos los domingos”, el Roto y el Toto, “con banderas rojas sobre Avenida de Mayo y de repente vemos el caos adelante porque se desató la represión brutal, era todo humo y la montada se venía sobre nosotros y yo, que estaba dado vuelta, decía “vamos para adelante, a matar”, y de repente me dicen “no Palo, pará”. Volví en mí, enrollé las banderas y cantando el himno nos batimos en retirada”.

“El otro acto tremendo fue la marcha multisectorial contra el menemismo a mediados de los 90. A la marcha contra el indulto fui solo, empecé a ir solo porque estaba desarticulado, no tenía militancia, no tenía nada. Vi entrar a la columna del MAS al obelisco y fue la mejor columna que he visto, la más organizada. Todo era humo rojo, bengalas rojas, y en la atmósfera roja dos cadalsos de 20 metros, con milicos colgados entre nubes rojas. Igual, al indulto lo dieron igual”.

Luz que nutre

Pasaron los ’80, los ’90, la primera década del milenio, pero así como siguió prendiendo y apagando bandas, realizando discos clave y tocando en todo el país, se mantuvo ligado al compromiso político, fundamentalmente por su relación con Estela de Carlotto de quien se nutre y aprende historia, según sus palabras. “Con “Música por la Identidad” laburé a lo loco y sé que genera conciencia pero siempre sentí que lo mío era más bien anecdótico y que estando con ella me lleno de luz, porque es una mina de luz”. Hasta ese día, cuando acompañó a su nieto, porque “ese día me sentí viviendo un hecho político del carajo que tiene que ver con mi historia”.

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Seguramente por eso pulsó en Pandolfo la mañana del 5 de agosto de 2.014 “una melodía muy antigua” que lo remitió al “himno de San Martín con su “yerga el ande su cumbre más alta” y que “no era ni tango, ni folclore, ni pop, menos rock”. Pensó entonces que “era la mejor melodía que había compuesto” pero que no le servía “para hacer nada”. Y lo mismo siguió pensando a la tarde, cuando participaba como invitado de un programa de cultura en la radio municipal de Ituzaingó y por la tele supo que habían encontrado al nieto de Estela. Entonces supo que “la música esa era el himno de Abuelas. Escribió la letra en su casa “como un alfarero, sílaba por sílaba, hice un relato total de la historia de Laura y su desaparición y su muerte en prisión”. Cuando lo llamaron por el acto cuatro meses después, “el himno ya estaba escrito”.

 

Palo Pandolfo sobre el himno a Abuelas, Estela y “Dinosaurios”.

Nota de Sebastián Moro para “Despacito y por las piedras”.

Fotografías: Gentileza del Espacio Cultural Julio Le Parc.

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