LOS LIBROS DE LA BUENA MEMORIA: Idea Vilariño, la vida enorme

LOS LIBROS DE LA BUENA MEMORIA: Idea Vilariño, la vida enorme

17 de mayo de 2015 – “¿Quién lee esto?”, fue el desafío que surgió al momento de reflejar en la columna de Mario Maure en Despacito y por las piedras la poesía de la gran escritora uruguaya y una de las primeras feministas del continente, Idea Vilariño. Los remilgos fueron salvados con su convocatoria a través de poemas dichos en su voz y con el acompañamiento musical de Josué Geredús y El Mafalda Guerra. El enfoque del profesor trascendió de su escritura poética -a la cual la autora consideraba su “acto más íntimo y profundo”- enriquecida por el existencialismo y la metafísica, al de transgresora dentro del campo cultural, rompiendo los roles destinados a las escritoras. Desencuentros personales y anhelos políticos de una mujer que hasta su muerte, ocurrida a los 89 años, se comprometió para aliviarse a través de la escritura.

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Mario explicó que llegó a Idea Vilariño hace años, “sumergido en el universo de Onetti”, cuya novelaLos adioses estaba dedicada a ella; y “a través de un libro que se llama Construcción de la Noche, de María Esther Gilio, vine a enterarme de lo importante que fue en la vida del uruguayo, en lo tormentoso de la relación -la casa de él donde se encontraban era “el Infierno de la calle Durazno”, según ella- y en las formas extrañas que tiene el amor”. Allí, Idea Vilariño “cuenta que había dejado a un hombre que la quería para estar con Onetti y que él no había ido al encuentro. Y que después la llamó y le dijo “sí, estuve con otra… pero si te sirve de algo quiero que sepas que todo el tiempo pensé en vos”. Esto ya configura para el profesor “la cruel verdad ante todo y la opción por vivir una vida auténtica, con los riesgos implícitos que eso significa”. También relata Idea que después de su ruptura con el escritor “fue a verla Dolly, la pareja de Onetti en ese momento, a preguntarle por qué no lo quería… si no se daba cuenta lo mal que le hacía”.

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Para Mario, “todo esto puede ser tomado como un ejemplo horrible del machismo que sufrió una de las primeras feministas de este lado del mundo. Pero también, las extrañas formas del amor y la verdad. La anécdota no es ni un chisme ni una telenovela barata, tiene que ver con las formas de relacionarse de hombres y mujeres en los años 50 y 60, influidos por el existencialismo, donde lo que se buscaba era una vida auténtica y eso implicaba afrontar ciertas verdades hasta el momento incuestionables, como que el amor no  es uno, ni único, ni de una vez y para siempre. Por eso la poesía de Idea está cargada de tanta angustia y ausencia, o mejor, de esa melancolía por lo perdido, la desesperanza. Puede leerse ahí una tensión entre el deseo de Absoluto y el reconocimiento de su imposible”.

Pero ese “existencialismo sartreano” en el que abreva Vilariño, en su “filosofar a través de la poesía y su cruce con la metafísica como pretendía Simone de Beauvoir”, resulta paradójico. Esto puede verse “en esa contracara que son las letras de canciones que hizo para Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti o Los Olimareños: allí se manifiesta el deseo de un cambio revolucionario. Para ser más claros: la vida es una mierda inmodificable pero a pesar de eso voy, vamos, a luchar”.

 

Mario Maure sobre Idea Vilariño, “Los libros de la buena memoria”, “Despacito y por las piedras”, 2 de mayo de 2015.

No habrá cosa libre de su mácula dura

ideas4A pesar de ser reconocida por su obra poética, Idea Vilariño fue además crítica literaria, traductora, sindicalista y docente. De allí que la propuesta del columnista haya sido no hacer “una autopsia” o disección analítica de sus poemas, porque eso conlleva más de un prejuicio: “que la poesía -en este caso la suya- es sólo pura emotividad” y que -en tanto mujer- prima lo sensible por sobre lo racional o reflexivo. Todo lo contrario, Idea “sabía mucho de cuestiones técnicas de la construcción del poema, incluso escribió valiosos ensayos sobre esto y quizás su oficio de traductora haya influido porque es quien traduce, él o la que rompe con la referencialidad de la palabra, que es en definitiva lo que hacen el poeta o la poetisa”.

Además, “nos encontramos con una escritora inaugural, que se incluye dentro de la autollamada generación del 45, que tuvo que vérselas con hombres en el sentido de que no sólo se limitó a escribir poemas -cuestión permitida a una mujer- sino que avanzó en el terreno de dirigir revistas, hacer crítica, intervenir en los procesos de edición, o sea, tener un papel muy activo en la configuración del campo cultural uruguayo. Y lo mismo podría decirse de su papel de traductora, ya que el trabajo que hizo sobre Shakespeare es el que se representó en los teatros más importantes del paisito”.

Las fotografías son del libro “Idea Vilariño: vida escrita”.

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