LOS LIBROS DE LA BUENA MEMORIA: Rulfo, crónicas de la violencia: desenterrar la muerte

LOS LIBROS DE LA BUENA MEMORIA: Rulfo, crónicas de la violencia: desenterrar la muerte

18 de junio de 2015 – Vivió y observó México para escribir las entrañas de su tierra y de sus pueblos. Escribiéndolo “implacablemente”, lo fotografió e hizo guiones cinematográficos. Y con un puñadito de obras publicadas a mediados de los ´50, como Pedro Páramo, revolucionó la literatura de su país y de la lengua. Mario Maure se refirió en su columna en Despacito y por las piedras a la innovación y maestría técnica de Juan Rulfo “para dar voz a los muertos”, de “escribir para todos y para nadie”, y permitirnos abrevar en su obra para vislumbrar problemáticas sociales actuales como la violencia en toda Latinoamérica.

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Apuntes del profesor Maure: “La cosa -como siempre- es hablar de libros de la buena memoria y los pocos de Juan Rulfo son fundamentales porque partieron en dos a la literatura mexicana, contribuyeron mucho al llamado realismo mágico y, además, porque su novela Pedro Páramo es una de las obras cumbres de la literatura mundial, como lo demuestra la cantidad de idiomas a los que ha sido traducida. Borges, a quien cuando le preguntaron qué pensaba de Cien años de soledad dijo ´un lindo título´, no dudó en calificar a Pedro Páramo así: obra cumbre de la literatura universal. En esa ponderación está incluida, sin duda, la manera novedosa en que Rulfo construyó sus relatos, en los que se yuxtaponen diálogos y monólogos donde el habla popular está siempre presente. Su mirada se volcó sobre las zonas rurales del posrevolucionario México que recorrió palmo a palmo”.

Mientras, trabajaba en la Secretaría de Gobernación y en la Oficina de Migración, además de realizar una notable labor fotográfica -con foco en el paisaje y la arquitectura, en el retrato y la vida de los pueblos- que desplegó casi de manera simultánea al período en que se dedicó a la literatura -esto es aproximadamente entre 1930 y 1960- y recorrió el país. Sus cuentos fueron publicados en diversas revistas literarias hasta que en 1953 fueron recogidos en El llano en llamas. En 1955 apareció Pedro Páramo. Su segunda y última novela, El gallo de oro, fue escrita en 1957-1958 pero recién se publicó en 1980, seis años antes de su muerte. También existe Aire de las colinas, recopilación de las ochenta y una cartas que entre 1944 y 1950 escribió a Clara Aparicio, con quien se casó y tuvieron sus hijos.

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Muchas de las claves de su vida pueden ser leídas a la luz de esa correspondencia, tanto como el reflejo de la realidad social mellando lo personal y la obra: siendo niño, el mexicano perdió a su madre por enfermedad y su padre fue asesinado en medio de convulsiones políticas. Creció observador e introspectivo, nostálgico. En una carta de 1947 le escribió a su compañera:

“Cariño: Desde que estuve en la escuela, de esto, como has de suponer, hace ya miles de años, desde entonces, allí, comenzó a formárseme el sentimiento de que estaba solo en la vida y de que nadie me quería. Llegué a llorar por eso, arrinconado en algún lugar oscuro. Y aunque tenía hermanos, estaba lejos de ellos, y tú sabes, por otra parte, que a esa edad los hermanos no piensan los unos en los otros sino por pura curiosidad. Así hasta que crecí. Después nada. Nadie. La pura soledad. Y la soledad es una cosa que se llega a querer del mismo modo como se quiere a una persona. Viví en medio de ella. Luego conocí a gentes. De paso. Gentes que ya no sé dónde andarán. Pero encontrar una amistad verdadera, como la que ahora encontré en ti, jamás me sucedió”.

 

 

Mario Maure sobre Juan Rulfo, Los libros de la buena memoria, “Despacito y por las piedras”, 6 de junio de 2015.

Piedras y Páramos

jurus4Mario considera que “hablar de Rulfo sirve también para demostrarnos -otra vez- cómo la (su) literatura puede ser un lugar desde el cual preguntarse por problemas vigentes, como por ejemplo el patriarcado”, sobre todo en una sociedad como la mexicana con muy altos grados de violencia machista. Así, interpretaciones y preguntas acerca del hecho histórico que fue la marcha del 3 de junio convocada por las mujeres bajo el lema “Ni una menos”, podrían ir a leerse en su obra: “Y de una manera compleja, que excede las asociaciones mecánicas y simplistas en que a veces se cae, tales como patriarcado-capitalismo; o violencias unilaterales (arriba/abajo, de clase, de género, de etnias). Esto no quiere decir que vayamos a encontrar soluciones, pero sí elementos para pensar ciertas cuestiones y sus especificidades”.

Por ejemplo: “Es una mujer, Susana, la única que no se doblega ante los poderes que simbolizan Pedro o el Padre Rentería. ¿Qué interjuegos están desplegados ahí? Pedro muere después de pensar en Susana. Se puede decir que con su muerte él murió también. Y aquí -podemos asegurarlo- no hay ningún romanticismo. Porque Rulfo es implacable. Rulfo escribe con fiereza. Y cuando no pudo más con eso no escribió más. Esto es algo que no se nos ocurrió caprichosamente a nosotros, el propio escritor lo dice: ´Los problemas sociales se pueden plantear de una manera artística. Es difícil evadir de una obra el problema social, porque surgen estados conflictivos que obligan al escritor a desarrollarlo´”.

A su vez, “en esas crónicas de la violencia mexicana que son El llano en llamas y Pedro Páramo”, también se pueden encontrar pistas acerca de la violencia estatal, institucional, parapolicial y social que enlutan en la actualidad a un país históricamente atravesado por la violencia y el lugar de la muerte en su cultura. “¿Por qué las mutilaciones?” se pregunta Mario, “¿por qué esas inscripciones específicas y sobre los cuerpos?” Porque hay en esas narraciones “una serie de arquetipos culturales de gran complejidad -lo religioso, la vinculación social con la tierra-, y sin dudas los ecos del gran trauma que significó la Conquista -pero también la Revolución y el hecho de ser frontera con los Estados Unidos- están sonando allí. Por ejemplo, el parricidio cometido por Abundio, uno de los tantos hijos ´ilegítimos´ de Pedro, o el incesto entre Donis y su hermana. O las inversiones de la Tierra Prometida en Nos han dado la tierra, o de ese hijo pródigo en No oyes ladrar los perros”.

jurus5Acaso de la misma manera que en sus personajes, cuando Rulfo convoca a los muertos para que le hablen del México profundo, nosotros lo convocamos al presente porque en realidad “queremos hablar de nuestra propia Comala”, agreste y hostil, repetida y diseminada culturalmente, a fuerza de violencias, en todo el continente. En su novela escribió: “El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo. Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: ‘lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él´”. Y ahí encuentra el profesor una clave más, “porque ese pueblo de muertos en un presente eterno puede ser -tal vez- el lugar donde nuestros propios conflictos irresueltos deambulan como espectros”.

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