LOS LIBROS DE LA BUENA MEMORIA: Oesterheld, de la Historieta a la Historia: búsqueda, renovación y compromiso

LOS LIBROS DE LA BUENA MEMORIA: Oesterheld, de la Historieta a la Historia: búsqueda, renovación y compromiso

21 de julio de 2015 – “Viajero del tiempo que crea una eternidad imaginaria, inventó e innovó nuestra identidad nacional y latinoamericana”, dijo Mario Maure al aire de “Despacito y por las piedras” acerca de Héctor Germán Oesterheld -HGO-, el trascendental guionista de historietas y escritor que renovó la narrativa del continente, situando a aquél género como vanguardia con anclajes en lo popular, y una herramienta pedagógica y de transformación política. Para profundizar sobre el valor y el desarrollo de la obra del creador de El Eternauta, estrechamente relacionada con su devenir militante, la columna contó con la participación de la dibujante Laura Fernández, autora de un libro sobre el último decenio de su producción. El análisis abarca desde cómo renovó las tiras de aventuras y ciencia ficción hasta cómo reconfiguró la cultura a partir de imponer su ideario y compromiso en sus creaciones. Recuerdos de Elsa Sánchez, su mujer, y de sus cuatro hijas, asesinadas como él durante la dictadura cívico militar.

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De esta manera, en un nuevo episodio de Los libros de la buena memoria, Mario Maure presentó a la investigadora, docente y autora de Historieta y resistencia. Arte y política en Oesterheld (1968-1978), Laura Fernández. Con ilustraciones propias y publicada por Ediunc, la investigación le llevó seis años y como la autora proviene de artes y no de la literatura o de las ciencias sociales -desde donde se ha abordado con frecuencia a Oesterheld, como en los ensayos de Juan Sasturain-, lo piensa desde perspectivas de la historia del arte que en la década del ‘60 revisitaron los conceptos de las vanguardias pero “articuladas en lo institucional”, por lo que devinieron en “neovanguardias”, concepto del que la autora se apropió en su tesis.

Estos intentos generaron procesos de “fisura” y de “cambio”, “muy acordes para plantear cómo operan en Oesterheld” el congeniar en espacios distintos a su modo de pensar -por ejemplo, publicó para la editorial Jorge Álvarez pero también para la revista Gente-, y aún así “pudo meter discursos contraculturales”, valiéndose de su conocimiento de los medios de comunicación masiva para popularizarlos. Por eso “elige” ser escritor de historietas, siendo que “para una generación de tipos como él, la historieta era algo absolutamente menor, hecha para y por chiquilines”. Fue un pionero. Y por eso, si bien dejó una dispersa obra narrativa en cuentos y relatos breves de gran calidad -a los cuales por su semejanza con recursos del guionaje cinematográfico denominaba “súper cortos”-, entendía que “el formato barato de la historieta permitía llegar a cualquiera y escribía sencillo porque su interés era llegar a un público más amplio”.

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Mario explicó que el trabajo de Oesterheld fue “anudándose en un progresivo involucramiento político” -fundamentalmente a partir de 1957 con El Eternauta, publicada en 106 entregas semanales-, desarrollando historietas como instrumentos pedagógicos y revolucionarios, en trabajos como Vida del Che, La Batalla de Chacabuco, Latinoamérica y el Imperialismo. Para Laura, “renovó el género de aventuras y el modo de plantear las historias”: tras escribir cuentos para niñas y niños en las editoriales Codex y Abril, creó historietas para adolescentes y para público adulto, algo infrecuente hasta bien entrados los años ‘60. En 1952 publicó Bull Rocket y al año siguiente “se destapó” con Sargento Kirk, dibujado por Hugo Pratt. Siguió con El Indio Suárez, donde patentizó su preferencia por los antihéroes y perdedores, los del lado de acá.

Primeramente dueño de “un estilo muy barroco”, Oesterheld repensó “la aventura y la ciencia ficción en un escenario como el nuestro” e hizo posible que “las cosas pudieran pasar acá”. Esos logros de “identificación” y “verosimilitud” se inmortalizaron con el apocalipsis porteño de El Eternauta, pero además en el trabajo con “varios protagonistas no tan tradicionales” y “personajes secundarios complejos”, que permiten mayor empatía, rompiendo la antinómica construcción “de buenos y malos”. “Siempre hay matices, nunca hay un opuesto tan estereotipado” y esto ha tenido su “herencia en los modos de narrar en Argentina”.

Cuadros y cuadritos

Las fases en la escritura de Oesterheld pueden rastrearse a través de las marcas de sus dibujantes en las distintas versiones de El Eternauta, jamás repitiéndose y siempre reactualizando el género. En la primera ya está presente la “metáfora de la lucha contra los invasores”, según quien la dibujó, Francisco Solano López, con la cumplida pretensión de que fuera ciencia ficción y realista a la vez, que lo obligó a modificar su estilo, ganando frescura por sobre la rigidez técnica, reinventando un lenguaje gráfico por la absoluta ausencia de referencias de una ciudad como Buenos Aires nevada. Casi dos décadas después, en 1976, escritor y dibujante se reunieron para la segunda parte -con el primero ya en la clandestinidad y el segundo retornando del exterior-, acentuando del todo la carga ideológica y desplazando definitivamente “la idea de invasión” externa en centros de poder, para resituarla en la periferia.

hgoviñsPara la dibujante, aquella primera estética y narrativa se apoyó “en una vuelta de tuerca del cine de ciencia ficción”, con sentidos políticos y acciones “situadas en Latinoamérica”. Para la reedición deEl Eternauta de 1969, con dibujos de Alberto Breccia, Oesterheld “enfatizó mucho la marca latinoamericanista”: era un hecho, los norteamericanos nos querían invadir. Si es que no lo habían hecho ya. La segunda parte -realizada y editada entre 1976 y 1978 y publicada en la revista Skorpio, cuando su creador ya había sido desaparecido- “ya es claramente política, radicalizada”, con “el discurso de Montoneros”, las “marcas brutales” de la represión y con personajes inspirados en ese terror, como la referencia alusiva a una de sus hijas, ya asesinada por los grupos de tareas.

Si bien “El Viejo” siempre consideró a la historieta como una “herramienta pedagógica para la revolución”, el punto de inflexión fue en 1968, antes de integrar Montoneros, cuando por encargo escribió El Che. Ahí hizo una doble propuesta narrativa: una ajustada a una estética y poética, con dibujos de Enrique Breccia; y otra histórica, “más apegada al género”, dibujada por Alberto Breccia, “muy marcada en su discurso, con mucho bloque de texto”. El escritor ya se había documentado y posicionado en el revisionismo histórico en el que abrevaba el peronismo de izquierda, con lineamientos de la política editorial de las revistas Descamisados y Evita Montonera y del periódico Noticias, publicaciones donde colaboraba, “para articularse en ese discurso mayor que representaba Montoneros”.

 

Mario Maure y Laura Fernández sobre Héctor Oesterheld, “Despacito y por las piedras”, 11 de julio de 2015.

Entre fronteras y más allá

Elsa Sánchez y Héctor Oesterheld se casaron en 1947. Al tiempo él abandonó la geología para dedicarse a la escritura. E intentar vivir de ella. La casa familiar de Beccar alojó “los años luminosos” de la pareja; el crecimiento de las hijas, Estela, Diana, Beatriz y Marina; y el ambiente apacible y abierto a la discusión, profundamente político y cultural, con que sus habitantes recibían a las amistades. La casa fue llenándose de jóvenes, amigas, amigos y compañeros de “las chicas”, que hallaban en “El Viejo” un cómplice más para sus desvelos adolescentes o sus arrebatos militantes.

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En numerosas entrevistas, colegas de Héctor y amigos de la pareja han evocado como una ensoñación las visitas a los Oesterheld, así como Elsa ha referido con picardía la época en que mudaron al hogar el estudio de él con su equipo de trabajo. Los períodos de tertulias sólo eran interrumpidos cuando él se sumía en sus trabajos más profundos y a medida que ellas se adentraban en la militancia en la Unión de Estudiantes Secundarios y en la Juventud Peronista, desde donde desembocaron en Montoneros a principios de los ‘70. Tras ellas, Héctor. Elsa, que ideológicamente no coincidía con la decisión de sus hijas pero la comprendía, cuestionó fuertemente la determinación de su marido por cuestiones de edad.

La trayectoria laboral de Oesterheld estuvo llena de vaivenes, cambios de roles, de formatos y de exigencias, pero siempre sostuvo una prolífica producción. Tras “la revolución” que significó en el mercado editorial y en el mundo de la historieta la irrupción de Frontera -su editorial- en 1957, terminó por cerrarla cuatro años después, lleno de deudas y aquejado por su propio desmanejo comercial. La experiencia había demostrado cabalmente la confianza del escritor en “La Historieta” como medio masivo para desplegar contradiscursos con un sentido popular. Desde luego, Oesterheld siguió renovando el género con historietas como Ernie Pike -especie de alter ego suyo-,Ticonderoga y Rolo, el marciano adoptivo -germen de El Eternauta-, y también abrió el espectro para más dibujantes, mientras que revistas como Hora Cero y Frontera mantenían tiradas semanales de varias decenas de miles de ejemplares.

El cierre de Frontera lo obligó a trabajar por períodos en el exterior, diversificándose a otros ámbitos como la publicidad y realizando “trabajos menores”, o anónimos, o más ceñidos a las lógicas editoriales. Entre otros grandes creaciones suyas de la década del ‘60, sobresalen Mort Cinder -dibujada por Alberto Breccia desde 1962 para la revista Misterix-, la biografía El Che que realizó para Jorge Álvarez en 1968 -poco después el escritor sufrió el secuestro del proyecto que tenía sobre Evita para la misma colección-, y la versión revisitada de El Eternauta, dibujada por Breccia para la revista Gente en 1969. Ese año publicó su antología de ciencia ficción breve, Los argentinos en la luna, y ya en los años ‘70 la segunda parte de la inconclusa La Guerra de Los Antartes, otra historia de invasión extraterrestre en Argentina, pero con claros anclajes en hechos y posiciones del movimiento peronista.

En Más allá de Gelo, reciente recopilación y reconstrucción de relatos y textos de Oesterheld, dispersos entre revistas y otros rescatados de la casa de Beccar, además de su calidad narrativa, se perciben la voluntad para que su obra esté ligada a lo masivo de los medios de comunicación; los determinantes entre modos de producción, venta y elección de un público; y las determinaciones laborales a las que debió someterse como en su paso por Gente.

Elsa y esa pregunta: ¿dónde están?

La tensión por la militancia en el seno familiar se agravó con los sucesivos pases a la clandestinidad de las hijas y de Héctor. Los presagios del peligro avizorado por Elsa, sus pesadillas, quedaron disminuidos ante la dimensión del terror que asoló su vida: Beatriz fue secuestrada el 19 de junio de 1976, después de un encuentro con su madre. El 7 de julio le devolvieron el cuerpo, tres días antes Elsa supo que los militares habían matado a Diana -que estaba embarazada- en Tucumán, luego a su compañero y a Fernando -el hijo de ambos- que fue entregado a la abuela y al abuelo paterno. En noviembre desapareció Marina, embarazada de ocho meses. Estela alcanzó a avisar por carta a Elsa del secuestro antes de ser ella misma secuestrada y desaparecida junto con su marido. Martín, el bebé de la pareja fue sustraído y luego restituido a su abuela. A Héctor lo secuestraron el 27 de abril de 1977 y se estima que lo mataron durante los primeros meses del ‘78 en Mercedes. Por sobrevivientes se sabe que pasó por los centros clandestinos de Campo de Mayo, el Vesubio y otros del circuito represivo de La Plata; que le exhibieron las fotografías de sus hijas asesinadas y que fue torturado con saña.

elsa1s“Ni yo mismo puedo decir cómo seguí viva, soy un misterio para los psicólogos”, es una de las definiciones con las que durante décadas Elsa explicó al mundo su persistencia a pesar del dolor, su tesón y búsquedas, decantadas como en presagios y pesadillas en torno a la tragedia personal y el peligro de la masacre colectiva, la muerte, como en los argumentos centrales de su amado compañero. Laura -que la entrevistó en 2011- refirió que “con todo lo que vivió esa mujer, no se puede entender cómo está cuerda”. Con los años, Elsa fue atenuando el resentimiento respecto a Héctor, porque al demandar por las desapariciones-restituciones, “reivindicaba cuestiones que en su momento no supo comprender”. Fue para ella el camino de las largas marchas, la búsqueda. “Se lo sigue buscando, eso es lo terrible, no se sabe dónde está”, nos ilustró por último Laura. Ni él, ni sus hijas, ni sus nietos, ni sus yernos, ni miles y miles más.

Ciencia -HGO-

En algún lugar de los vastos arenales de Marte hay un cristal muy pequeño y muy extraño.

Si alzas el cristal y miras a través de él, verás el hueso detrás de tu ojo, y más adentro luces que se encienden y se apagan, luces enfermas que no consiguen arder, son tus pensamientos. Si oprimes entonces el cristal en el sentido del eje medio, tus pensamientos adquirirán claridad y justeza deslumbrantes, descubrirás de un golpe la clave del Universo todo, sabrás por fin contestar hasta el último por qué.

isdiensEn algún lugar de Marte se halla ese cristal.

Para encontrarlo hay que examinar grano por grano los inacabables arenales.

Sabemos también que, cuando lo encontremos y tratemos de recogerlo, el cristal se disgregará, sólo nos quedará un poco de polvo entre los dedos.

Sabemos todo eso, pero lo buscamos igual.

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