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Reza en la sinopsis que la revista Maten al Mensajero ha preparado en vísperas de la publicación de una nueva historieta entre sus páginas, El Gaucho Antonio Gil, que revive la historia del trabajador rural correntino devenido en santo y culto popular:

Por los ríos del litoral cabalga un gaucho bravo. Reñido con la ley del patrón, se bate a cuchillo con su suerte, que es la de los hijos de esta bendita tierra. Lleva en su boca el sabor amargo del amor trunco, y junto a su corazón, el payé que lo cuida y lo protege de los males que lo acechan.

La propuesta del profesor de Historia y divulgador Luciano Zdrojewski y del dibujante Facundo Teyo sólo espera la publicación en el próximo número, el 6, de la revista “para lectores” cuyo director, Santiago Kahn -también entrevistado en Despacito y por las piedras-, apuntó la idea a los creadores de trabajar la figura de El Gauchito Gil en comic, de la misma manera que Maten al Mensajero lo viene haciendo -por ejemplo- con Rodolfo Walsh en la tira RW.

Una historia y un espacio donde moverse

El historiador explicó que al igual que otros gauchos que fueron santificados popularmente, la leyenda de El Gauchito Gil está construida por “múltiples historias” de personajes como él, que desde la marginalidad de sus condiciones de existencia subvirtieron el imaginario social de su época. A partir de ese cruce entre la experiencia -devenida en mítica y mística- de un hombre de a pie y su contexto histórico, se conoce que Antonio Mamerto Gil Núñez vivió en Corrientes a mediados del siglo XIX, que era jornalero en la estancia “La Valencia”, cercana a Mercedes y propiedad de Estrella, una joven y acaudalada viuda de la cual se enamoró.

El tópico de los “romances prohibidos” se ve aún más condicionado porque la mujer es a su vez pretendida por el comisario del pueblo y entonces se desencadenan las circunstancias que concluyen con ella perdiendo sus propiedades y obligada a trabajar la tierra, en tanto que él “se engancha” como combatiente en la Guerra de la Triple Alianza, que significó el genocidio del Paraguay. Y luego, como cientos de paisanos del litoral, se involucra en las montoneras y es reclutado en las luchas civiles que tuvieron lugar entre autonomistas y federales correntinos a partir de 1870.

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El “cambio trascendental” se produce durante un campamento nocturno, cuando a Gil se le aparece en sueños Ñyamandú -principal dios entre los guaraníes y asimilado con la figura de Jesús- y le ordena que no debe derramar sangre de hermanos. Entonces se hace desertor y comienza a ser perseguido por la ley. A partir de allí se disparan las versiones, pero en cualquier caso se revela como un “bandolero” que, monte adentro y entre fronteras -el “espacio libre” y “vital” en el que se desenvuelve es “entre criollos e indígenas”-, roba a los ricos para darles a los pobres. Un seis de enero, para la celebración popular de San Baltasar -el “Santo Negro”-, es emboscado por las tropas, capturado y trasladado a la ciudad de Goya para cumplir su condena. A pesar de declararse inocente y pedir clemencia ante el Capitán a cargo de su destino, la autoridad decide asesinarlo. Y como Gil es poseedor de mágicos poderes obtenidos por el culto a “San La Muerte” -como la inmunidad ante las balas o la fuerza hipnótica de su mirada-, lo cuelgan de los tobillos y lo degüellan con su cuchillo. El capitán verdugo sería luego, tras comprobar admoniciones de la víctima en relación a su hijo, el primer “promesero” de El Gauchito y la persona que colocó la primera cruz en su devoción.

Para Zdrojewski, El Gauchito Gil surge en una época y en una zona con vastos antecedentes de gauchos perseguidos -o “gauchillos”, porque en realidad eran jóvenes- que terminaron como “matreros a cuchillo” -como el propio Gaucho Lego en Corrientes-, debido a las profundas migraciones socioculturales motivadas por los cambios económicos y políticos implementados para la “organización” y “modernización” de la nación a finales del siglo XIX. Son esas migraciones las que acrecentarían y territorializarían el mito del gauchito en diversos puntos del país, siempre asentado en la relación entre sectores marginados e imaginario popular.

Como sucede con otras figuras de raigambre popular, y a pesar de ser masivos su culto y su celebración, El Gauchito Gil no está incorporado a la liturgia católica. El historiador explicó que esto es así porque “estos santos populares” siempre fueron catalogados por la Iglesia como “superstición”, pasando por alto -claro está- el discernimiento entre “religión” y “superstición”. Y considera que la diferencia sólo existe en base a la “oficialidad” que la institución da a unos y niega a otros.

 

Luciano Zdrojewski sobre El Gaucho Antonio Gil. Despacito y por las piedras, 15 de agosto de 2015.

Márgenes dentro de viñetas

Por todo esto, la idea de la historieta es que “quien la lea se sienta identificado con el personaje y más si es alguien devoto”. Sin embargo, es intención de los autores, “no hacerlo en el sentido estricto de abonar al culto, sino más bien de recuperar la historia y su contexto, darle otra profundidad, porque tiene matices similares al Martín Fierro pero con aristas más populares”. Es decir, el desafío para el guionista, el dibujante y la publicación es ligarse “con una tradición donde no son casuales las historias que se rescatan, como estas de los gauchos bravos porque sí”, sino porque ellos encarnan “la capacidad de hacer justicia por fuera de lo que es la ley”, que es precisamente “la ley de los dominantes, de los privilegiados, de quienes los sometieron”. “Por eso el litoral es más fértil para el surgimiento de estos santos populares”, explicó Zdrojewski y añadió que en la actualidad se dan “procesos de beatificación populares” similares en los márgenes de las grandes ciudades con los “pibes chorros”.

gauchigsEn cuanto al abordaje artístico y su próxima plasmación, Luciano contó que se trata de “un proyecto de largo esfuerzo” que le acercó Santiago Kahn, director de Maten al Mensajero, para recrear la historia de El Gaucho Antonio Gil con su trasfondo histórico. A partir de allí fue pergeñando la historieta junto a la experiencia y sensibilidad del también joven dibujante Facundo Teyo, en una complementaria y revisitada retroalimentación al esbozar cada diálogo, cada escena y cada capítulo, permitiendo cerrar lo historiográfico y lo narrativo desde lo visual. Además, “la historieta está orientada al espacio y el formato de la revista”, lo cual permite que “cada capítulo se encierre en sí mismo”.

El Gaucho Antonio Gil aparecerá desde septiembre, con el número 6 de Maten al Mensajero, publicación gráfica que se puede encontrar en las librerías mendocinas y del resto del país.