PROGRAMACIÓN, CONTENIDOS Y PRECARIZACIÓN: Viendo a Romay: la televisión privada, de la producción nacional a la extranjerización

PROGRAMACIÓN, CONTENIDOS Y PRECARIZACIÓN: Viendo a Romay: la televisión privada, de la producción nacional a la extranjerización

2 de julio de 2015 – Una mirada fuera de coyuntura en relación a la figura del recientemente fallecido empresario teatral y de medios, Alejandro Romay, fue el punto de partida para conversar con la periodista, docente y especialista en políticas de comunicación, Mariana Baranchuk. Su experiencia y conocimiento del ámbito artístico y comunicacional porteño le permiten ponderar por sobre el rol que tuvo en tanto patrón, su importancia como generador de trabajo y productor de contenidos nacionales de calidad. El análisis comparativo con lo que en la actualidad sucede en los equipos y redacciones -con vulneraciones a la libertad de expresión a la orden del día, como pasó en diario La Nación- de los grupos de medios concentrados y en un marco de precarización laboral apremiante, explica que se extrañe a pioneros como “el zar de la televisión”.

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Reflexionó Baranchuk en su muro: “Nosotros, los de sociales que nos hemos dedicado a políticas. Nosotros que analizamos y enseñamos el recorrido de Canal 9 desde que se llamó a concurso y se adjudicó por vez primera su licencia en el 58, el comienzo de sus transmisiones en el 60, el ingreso de Romay en el 65. Nosotros que enseñamos sobre el vencimiento de las licencias en el 73, las idas y venidas hasta el 75 donde se expropian las productoras. Y remarcamos, las productoras, los canales no se expropiaron. La dictadura indemnizando por Canal 13 y por el 11. Romay no aceptando, iniciando el juicio y, simultáneamente, quedándose en el canal. Iniciado el gobierno de Alfonsín el canal vuelve a manos privadas, por supuesto a las de Romay. La venta posterior hasta llegar a González González…”

“Nosotros, los más cercanos, que alguna vez dijimos que hay que sacar la cámara y hacer los reportajes más largos a tipos como Romay, que nos quede el archivo. Y que por esas cosas no lo hicimos, ni ya lo haremos. Nosotros que sabemos y hemos hablado del Romay propietario de medios. Nosotros sabemos poco y nada de cómo fue su mirada como productor de contenidos de ficción, cuál fue su apuesta. Cómo su comportamiento en tanto patronal. Hoy veo la despedida que le hacen muchos, buenos e inteligentes amigos compañeros actores que tengo por acá…y me doy cuenta que nos faltó una pata cuando hablamos del pasaje del empresario nacional de medios al grupo extranjero que es la relación con el producto y con los trabajadores, lo mencionamos pero no le hemos entrado al hueso”.

“Entrarle al hueso” fue entonces la intención del diálogo mantenido con la comunicadora, crítica y consciente de que alrededor de la figura de Romay existe un cúmulo de prejuicios y juicios que es preciso desmalezar para recabar realmente el rol fundante que tuvo “en el devenir de medios en la Argentina”. Ante su despedida, Baranchuk estima que “nosotros nos tragamos algo que no alcanzamos a comprender del todo”, siendo ese recorrido “insoslayable en la dinámica de la conformación de los medios de comunicación privados”. Durante muchos años Canal 9 lideró las mediciones de audiencia con mucha producción de calidad -que supone una gran inversión- de ficción nacional.

Esto significó “un peso específico” en la relación de Romay con los artistas y técnicos, ya que no dejaba de ser “claramente la patronal, dura y tiránica”, o más bien “paternalista”, pero en condiciones de trabajo y de requerimientos de calidad a años luz del grado de precarización existente en la actualidad en los medios de comunicación hegemónicos, con niveles de producción propia hoy inhallables. De allí que en su apuesta, Romay fuera un “gran dador de trabajo y si te contrataban podías alcanzar continuidad y estabilidad”, por lo cual, “frente a lo que vino después -a partir del menemismo con la entrega de los canales y la extranjerización de la producción- lo terminan extrañando”.

Algo similar puede leerse en base a lo que fue el rubro noticioso, con la recordada experiencia de Nuevediario, donde en vivo trabajan equipos de hasta diez personas, a diferencia de lo que pasa ahora, donde se imponen la fragmentación y la labor individual. El hecho de que artistas y técnicos que trabajaron con él evoquen un “período de oro”, se asienta además en “un contexto de autores y directores muy fuertes, con elencos muy potentes”, por lo cual se regulaban de otra manera las condiciones laborales.

marianasEsto “permitía pensar la programación en función de los gustos populares”, pero gerencialmente implicaba una “cuestión compleja”, derivada desde la misma creación de los canales y los tironeos por el otorgamiento de licencias y su renovación. En 1973 las licencias vencían y el Estado, luego de un largo proceso de veedores, decide en 1975 asumir el control de las emisoras y expropiar las productoras de contenidos asociadas a estas. Con la dictadura cívico militar y su Ley de Radiodifusión se modificaron condiciones e interventores, y los canales 11 y 13 acordaron la negociación, mientras que Romay no aceptó la indemnización y mantuvo esa postura hasta el final del gobierno de facto, con juicio abierto de por medio y contratado como funcionario del 9. Desde allí le abrió las puertas que otros fueron cerrando a artistas como Menchu Quesada, cuya familia estaba perseguida por los grupos de tareas. Es decir, Romay “se la jugó”, al punto de contribuir para que la actriz recuperara a un sobrino nieto capturado y entregado a otra familia.

De nuevo en democracia, los canales 11 y 13 continuaron en la órbita del Estado y Canal 9 volvió al control de Romay debido al juicio. Ya con el menemismo en el ’89, la propuesta neoliberal desde el Estado fue la privatización del sistema de canales con una notable merma de la producción local y un acelerado proceso de extranjerización de los contenidos, muy marcado en el caso de Canal 9 hasta hoy, con una grilla saturada de telenovelas y series extranjeras. Romay decidió retirarse. Luego de pasar por manos de diversos grupos económicos y de dueños como Daniel Hadad, el canal no se recuperó nunca y hoy pertenece al poderoso magnate de medios mexicano, Remigio Ángel González González, que funda su rentabilidad en la distribución globalizante de novelas latinoamericanas.

 

Mariana Baranchuk sobre el rol de Alejandro Romay en la historia de la televisión argentina y la vulnerabilidad de trabajadores de prensa y artistas con las nuevas patronales de los grupos concentrados de medios. Despacito y por las piedras, 27 de junio de 2015.  

Poner en vereda

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Romay en Radio Libertad, en sus primeros tiempos como director-propietario.

Sobre el final de la entrevista Baranchuk explicó la situación de la periodista Irene Haimovichi, delegada del diario La Nación,censurada y presionada por el directorio: ante un escenario de modificaciones laborales y de ajuste parcialmente comunicado a la comisión interna de las y los trabajadores del diario, la redactora decidió hacerlo público a través de una nota periodística, por lo cual fue apercibida mediante una carta documento. Mariana explicó claramente que “lo que hace esta empresa es llevarse puesto dos derechos fundamentales: el de la libertad de expresión y el sindical, todo en un solo telegrama”. De allí la importancia de la solidaridad entre colegas, para “poner blanco sobre negro” y dimensionar “la capacidad que tienen los empresarios para hacer daño, conscientes de que no van a tener sanciones graves vulnerando derechos inalienables”.

El caso de Haimovichi es “paradigmático” de la realidad que se vive en los grupos mediáticos, con situaciones “muy complicadas” para el personal, que requiere la convergencia de la mancomunidad de distintos sectores a fin de evitar que “sigan expulsando compañeros e incluso delegados”, pues “se trabaja de manera cartelizada” y, sin diferencias, todos los grupos -sean La Nación, UNO, Veintitrés o el de Cristóbal López- “funcionan como patronales”.

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