VIOLENCIA INSTITUCIONAL: La larga sombra de la versión policial y los “procedimientos de acción rápida”

VIOLENCIA INSTITUCIONAL: La larga sombra de la versión policial y los “procedimientos de acción rápida”

23 de octubre de 2015 – En Despacito y por las piedras, entrevistamos a Micaela Gutiérrez, joven viuda de Diego Jahan, que murió en el Hospital Central luego de agonizar dos semanas al ser baleado por efectivos de la UMAR tras un presunto robo y persecución. Dadas las sospechas que tienen en relación al operativo y al período en que estuvo internado, su familia reclama que se investigue. Análisis del rol irresponsable y condenatorio de los medios de comunicación en base a la tiranía de “la versión policial”, que impide desmontar “irregularidades” que van desde el uso abusivo de la fuerza hasta la violencia hospitalaria.

opumarsFue una de las noticias policiales que ocupó amplias coberturas de la mayoría de los periódicos on-line de Mendoza el jueves 17 de septiembre. Algunos portales inclusive hicieron hasta dos actualizaciones, con gran despliegue fotográfico -una persona herida e inconsciente sobre el asfalto, sangre, un vehículo chocado al costado de la calzada, muchos policías “oficiando” en el lugar- pero siempre dando vueltas sobre un hecho indiscutido desde la primera y única versión, es decir, la versión policial. Así “reconstruyeron” los periodistas los hechos que dos semanas después culminarían con la vida de Diego Alexander Jahan, de 22 años, casado, con dos hijos, domiciliado en Godoy Cruz y cuidacoches desde los 15 años en la playa de estacionamiento de Casa de Gobierno:

El 27 de septiembre después de las once de la mañana, Jahan y Ariel Heredia -de 32 años- habrían cometido un asalto a un autoservicio en el barrio San Javier en Guaymallén. Hay una filmación del local, que exhibió Canal 9 en su noticiero, en la que Heredia gatilla una pistola contra el dueño del negocio cuando le da el dinero, pero no detona impactos. Al huir en un VW Gol color gris -“supuestamente” también robado en el lugar del hecho-, comenzaron a ser perseguidos por un patrullero al que se le sumaron numerosos efectivos de la UMAR -Unidad Motorizada de Acción Rápida-, se produjo una balacera y el conductor -Jahan- golpeó a una de las motos hasta que chocó a la altura de calle La Purísima por el Acceso Este. Allí los efectivos habrían encontrado heridos a ambos sospechosos y los remitieron al Hospital Central junto con el policía que prácticamente resultó ileso. Jahan quedó internado en terapia intensiva y a Heredia lo trasladaron a la Penitenciaría Provincial. En el vehículo hallaron dinero y un arma calibre 22 “con la recámara abierta, es decir, que se agotaron todos los disparos posibles”, según aseguró sin hesitar Sitio Andino. A cargo de la investigación quedó la Oficina Fiscal 16.

La práctica demuestra hasta qué punto es la versión policial la que exclusivamente “arma la verdad” acerca de operativos violentos como el del 17 de septiembre. O, para mejor decir, según palabras del periodista Horacio Cecchi -que recientemente visitó la provincia-, “el que llega primero al lugar de los hechos es quien los cometió”. La complejidad es mayor cuando esa versión policial es la que de manera exclusiva interpelan y difunden acríticamente los medios de comunicación, o al menos aquellos que aún operan bajo los tradicionales “policiales”. Así, lineal y unívocamente se traslada a la opinión pública que hubo un asalto a mano armada por parte de “malvivientes” o “delincuentes” de “frondoso prontuario”; que siguió “una persecución y tiroteo entre policías y asaltantes” -o “persecución en la que hubo un intenso tiroteo”, o “intercambio de disparos”, cuando no “un enfrentamiento en legítima defensa”- que terminó con “los maleantes heridos”. También se da por supuesto que el vehículo era robado, mientras que Micaela Gutiérrez asegura que es de su propiedad.

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Sin dudas, las prácticas periodísticas anquilosadas y rutinizadas impiden que a los periodistas que cubren este “tipo de hechos” no se les hay ocurrido consultar a eventuales testigos -que los hubo- y mucho menos a algún familiar de la víctima, porque Diego Jahan fue, en cualquier caso, baleado a mansalva por un policía, antes o durante el momento de su detención. De tal gravedad fueron los dos impactos que recibió Jahan que Diario Vox lo dio por muerto ocho horas después, una vez que llegó casi sin vida al Hospital Central, adonde sufrió un paro cardíaco del cual se sobrepuso notoriamente. No solo que Vox ni corrigió ni “levantó” la nota, ni pidió disculpas a familiares y lectores como corresponde, sino que además -en definitiva- lo dio por muerto dos veces ya que el 1 de octubre volvió sobre la noticia, pero ahora con el deceso verdadero, ocurrido en el Hospital Central. Para entonces, nuevamente los medios “cubrieron” las derivaciones de lo ocurrido dos semanas atrás con clara intencionalidad estigmatizadora y culpabilizante.

 

Micaela Gutiérrez sobre el operativo y la muerte de su marido, Diego Jahan. Despacito y por las piedras, 17 de octubre de 2015.

Bajo guardia en el Central

dijahsFrente al absoluto desinterés de autoridades hospitalarias, policiales y judiciales por brindar información a la familia -más la delicada situación en la que se encuentra un testigo como Heredia, el compañero de Jahan, por estar detenido en el Penal-, Micaela y su padre, Antonio Gutiérrez, han revelado testimonios para investigar lo que sucedió el 17 de septiembre. Por eso ponen en duda que se haya producido un tiroteo cruzado durante la persecución, sino que la balacera provino directamente de efectivos de la UMAR hasta que el vehículo impactó. Heredia salió del vehículo con una herida en el brazo izquierdo y lo atraparon, en tanto que a Jahan lo obligaron a bajar y le dispararon en el omóplato y en el pecho. En esas condiciones lo esposaron y “molieron a patadas en el piso”. Sin ninguna clase de socorro lo taparon con su remera como si hubiera muerto, inclusive una mujer que pasaba reclamó a los policías que lo atendieran como correspondía. La ambulancia se llevó primero al oficial ileso, luego a Heredia y por último, a las dos horas, a Jahan.

Fueron catorce días extremos para la familia: a pesar de que luego de tres intervenciones Jahan se estabilizó hasta tener un 50 por ciento de posibilidades de sobrevivir, el clima de sospechas, la renuencia de médicos y enfermeros y el hostigamiento de la guardia policial permanente fueron el trato habitual. Sólo a Micaela le permitían ver a Diego, que estaba atado a la cama e imposibilitado de hablar, pero consciente. La comunicación del fallecimiento fue sorpresiva y abrupta.

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