Empezó el juicio por Cristian Reyes: ¿El fin de la década impune?

Empezó el juicio por Cristian Reyes: ¿El fin de la década impune?

Por Penélope Moro

Luego de diez años y casi cinco meses del asesinato de Cristian Reyes, finalmente la justicia parece resuelta a posibilitar que la impunidad no se haga crónica. Máxime al tratarse de uno los hechos más alevosos de violencia policial en Mendoza por el que debe responder el imputado y agente de Investigaciones, Horacio Biasiori Bastías.

cristian-1El martes pasado comenzó en la Quinta Cámara en lo Criminal, presidida por Gonzalo Guiñazú, lo que técnica y extraordinariamente se considera el tercer juicio por este homicidio perpetrado en un barrio popular de Luján de Cuyo, debate que además viene postergándose desde noviembre de 2015 y en marzo de este año. La jornada inaugural contó con valiosos aportes de testigos que permiten corroborar, entre otros detalles, que la mañana del 12 de abril de 2006, luego de un allanamiento en la vivienda donde moraba el joven de 28 años, tras ser detenido y al intentar ser ingresado a un móvil por dos efectivos, Cristian  logró huir, correr esposado con sus manos hacia atrás por calles cortas, pasillos angostos y veredas unos 400 metros hasta ser baleado en el rostro por Biasiori, de frente, a menos de un metro de distancia y con su pistola 9 mm reglamentaria. Representan a la familia de la víctima los doctores Alfredo Guevara y Pablo Salinas. La fiscal es Laura Rouselle.

Correr, correr, correr y no volver atrás

Juan Carlos Aslla es el policía que en 2006 detuvo junto a Horacio Biasiori a Cristian Reyes. Fue la madrugada fatal en la que lo acompañó al Barrio Los Ventisqueros con una orden de allanamiento. Por la época era el encargado de una movilidad en la zona de Carrodilla. La aprehensión tenía como fin derivar a Cristian a Investigaciones, buscaban a internos que se habían fugado del Penal provincial días antes. No era Cristian  ninguno de los profugados, lo mismo lo detuvieron.

El allanamiento lo hizo Biasiori, Aslla conducía la movilidad por lo que esperó en la calle, con la puerta trasera izquierda del patrullero abierta. Los segundos que duró esa detención, en la calle, el muchacho fue apuntado con las armas reglamentarias como parte del “trabajo de intimidación”. Aslla disparó perdigones de bala de goma al aire y Biasiori lo hizo con su 9 mm. Cristian ya estaba requisado, palpado y esposado cuando los policías se disponían subirlo al móvil.

Testigos que comparecieron el martes frente al Tribunal de la Quinta Cámara del Crimen contaron que Cristian estaba listo para el traslado, parado en la puerta del móvil con los dos policías sosteniéndolo de los costados, y “esposado”, así se reiteró en las declaraciones. Hasta el mismo Aslla en su testimonio dijo que todavía no entiende “de qué manera” Reyes “logró zafar de las esposas” y huir.

Angélica Poblete, una vecina que vio todo desde el ventanal de su casa  sí recuerda como fue la huida. Hasta le propuso al Tribunal recrearlo con su propio cuerpo: “El chico con las manos hacia atrás se agachó y pasó por debajo cartelde los brazos de los policías, y corrió, corrió, corrió. Todo el tiempo con las manos hacia atrás”. Ahí empiezan los tiros de “advertencia”, recordó a su turno Aslla, y de inmediato la persecución. Cristian corre, desoye o no escucha las órdenes de alto. Se juega todo en la fuga que no alcanzó a superar los cuatrocientos metros. No iba a ceder hasta último momento a la posibilidad de que lo privaran de su libertad. Quizá buscaba atravesar el corredor que separa el Bajo Luján con Godoy Cruz y perderse en los pasillos del Barrio La Gloria. Allí difícilmente lo encontrarían.

Durante la persecución, corta y rápida, Biasori le tomó ventaja a su compañero, que terminó presenciando los hechos a diez metros de distancia. Aslla vio cómo el policía ahora imputado alcanzó a Reyes antes de que pudiera cruzar el corredor, lo tomó por la espalda, y Cristian, “ya sin esposas se enfrenta a Biasiori”. Transcurrieron ligeros segundos hasta que el cuerpo del joven cayó sobre un montículo de tierra, de ripio acumulado.

A diferencia de Juan Carlos Aslla, Horacio Biasiori disparó todo el tiempo. Desde que Cristian se les escabulló hasta el supuesto “forcejeo/ enfrentamiento”. El que lo reconoce frente al Tribunal, aunque no quisiera hacerlo, es el propio compañero del operativo.

¿Cómo le enseñan el uso del arma?”, le pregunta la fiscal Rouselle a Aslla: “Biasiori no tendría que haber sacado el arma en esta situación. Solo cuando se está en un enfrentamiento con los delincuentes, cuando se efectúa un disparo por la otra parte. En ningún momento debió haber sacado el arma. Pienso que fue un error, pienso que lo sacó para intimidar. La tendría que haber guardado otra vez. Pero frío, tranquilo, no es lo mismo que en el momento”. Repregunta el juez por qué él actuó bien y Biasiori no: “Porque la 9 mm se usa solo cuando hay enfrentamiento, el sujeto no tenía elemento contundente, le hicieron el palpado. La diferencia es que yo tenía una posta de goma. La 9 mm es más peligrosa”.

¿Quién tenía las llaves de las esposas?

Cuarto testigo. El policía Gustavo Olguín en su declaración se apoyó en las fojas de sus testimonios de 2006.  Se esposasdisculpó todo el tiempo ante el Tribunal: “Fue hace mucho tiempo, pasaron diez años”. De a poco se le vuelve a la memoria que él relevó todo: el lugar, las paredes, los pasillos. Aunque lo que lleva a citar aquí su testimonio es el tema de las esposas.

En aquel momento el Estado proveía a la Policía de Mendoza de las esposas, una partida importante que había llegado era de mala calidad, contó en la Quinta Cámara Olguín. Ya no recuerda marca ni procedencia, pero sí se explayó sobre el tipo de desperfecto que presentaban: “Les presté atención porque muchas no funcionaban, se les liberaba el criquet”, pero el especialista detalló que la deficiencia que las volvía inseguras era una falla en el tambor de seguridad, es decir, “si coloca un elemento de buena resistencia entre los dientes del criquet y el brazo del pivote, se podría liberar la esposa. Por ejemplo, con un alambre se podía abrir, no eran seguras en ese aspecto, pero no por forzarlas”.

Las esposas de las que, según la versión de la defensa de Biasiori, zafó Cristian, fueron peritadas por el propio Olguín: “Se las sometió a tracción y compresión con el seguro puesto, que evita que se cierre para que no lesionen. En algunas esposas funcionaba el seguro. En este caso sólo se libera con la llave, el pivote de la esposa y el seguro. Las pusimos en una morsa y no se abrían. Frecuentemente otras se abrían con la mano, pero estas funcionaban bien, no detectamos una falla”.

Las trayectorias, las marcas

Último testigo de la primera audiencia del tercer juicio de la década: el doctor Luis Ricardo Arenas, perito del Cuerpo Médico Forense. Se reviven los informes del 2006: el disparo de Horacio Biasiori ingresó por el malar de Cristian, el hueso más externo de la cara que da forma al pómulo y a la parte orbital. La bala que le dio muerte un día después en el Hospital Central, quedó alojada en su occipital, la parte inferior del cráneo que lo une con las vértebras. Las pericias de Arenas indicaron que por la presencia de humo y pólvora, el policía le disparó directo al rostro, “de arriba ligeramente hacia abajo”, a menos de 50 centímetros de distancia.

El juez Gonzalo Guiñazú hace la última pregunta de la audiencia: “¿Quedan marcas en las muñecas con tres minutos de esposas puestas?” El médico forense explica que las marcas a veces duran y se ven aun post mortem porque los tejidos que son apretados impiden la circulación sanguínea, acumulan sangre y se filtra fuera de los vasos, entonces el surco queda con un reborde. Pero al fallecer la persona, todos los tejidos quedan muertos, es decir que la marca hubiese existido si el individuo hubiera muerto dos o tres minutos después.

Cristian fue herido pasados cinco minutos de las ocho de la mañana del 12 de abril de 2006, esa misma tarde entró en coma y falleció hospitalizado a las diez de la mañana del día siguiente. Las audiencias del juicio se retoman este lunes 12 de septiembre a las 9.

La década impune

Horacio Biasiori Bastías es alto, macizo y robusto. Ronda los 35 años. Llegó a este tercer juicio libre y en funciones. Fue múltiplemente beneficiado a lo largo de la década de investigación con absoluciones y debates abreviados que más tarde fueron anulados por la Corte. Diez años de idas y vueltas para Alicia Vargas, la Madre de Cristian que lejos de encontrar beneficios atravesó juicios fallidos, soportó amenazas y resistió quimioterapias continuadas.

familiaBiasiori presenció el primer debate de su década impune por momentos cabizbajo, pero en otros su actitud se volvió mucho más intensa y  se dejó llevar por ademanes con los cuales pretendía interrumpir la audiencia. Hacia el final enardecía. Puños apretados y escoltado por dos mujeres que le acariciaban la espalda gritó sobre el cierre de la audiencia: “señor juez esta señorita está filmando y tomando fotos”, y amagó a pararse señalando a una periodista. No era cierto. Guiñazú se valió automáticamente de la versión del policía acusado de homicidio culposo y amenazó a la cronista con una “inmediata detención” de ser cierto lo que vociferaba Biasiori.

En la confusión y entre los gritos, Alicia vio la oportunidad al alcance de sus manos. Y la usó. Rompió el silencio, por primera vez en años inspiró una bocanda de aire de justicia, justicia propia, y lo exhaló: “Asesino, mataste a mi hijo y ahora te quejás por un par de fotos y un video”. Histórico. El juicio por el asesinato de Cristian Reyes ha comenzado en Mendoza.

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