“Falta de participación concreta” e “inverosimilitudes testimoniales” fueron esgrimidas por la Defensa

“Falta de participación concreta” e “inverosimilitudes testimoniales” fueron esgrimidas por la Defensa

4 de octubre de 2016 – En una extensa jornada, el defensor oficial Leonardo Pérez Videla prosiguió este lunes con los alegatos en el megajuicio de lesa humanidad desarrollando análisis relativos a hechos de 1976 y 1977 en los que hay imputaciones contra ex efectivos del D2 y del Ejército, por quienes la defensoría solicitó nuevas absoluciones “lisas y llanas”. En primer término completó la fundamentación respecto al acusado por  crímenes sexuales Julio Lapáz, y volvió a desmerecer los aportes de la principal víctima testigo, Rosa del Carmen Gómez. Luego armó un tergiversado “choque de versiones” -a lo largo del tiempo y entre sí- de dos sobrevivientes del operativo del 12 de junio del ‘76 -Alicia Morales de Galamba y María Luisa Sánchez Sarmiento- para desligar de responsabilidades a los entonces policías Pablo Gutiérrez Araya, Luis Rodríguez Vásquez y Miguel Ángel Tello, que además de las privaciones de la libertad y las torturas contra ellas y sus respectivas hijas e hijo, deben dar cuenta de la desaparición forzada del dirigente de Montoneros Jorge Vargas Álvarez. Por último, y antes del cuarto intermedio hasta hoy, introdujo valoraciones y minimizó el rol del ex jefe de Inteligencia militar del G2, Paulino Enrique Furió, clave en la detención ilegal de Miguel Ángel Rodríguez en septiembre de ese año y en la tremenda persecución grupal de abril del ‘77, que concluyó con una quincena de asesinatos y desapariciones forzadas de jóvenes militantes. 

GE DIGITAL CAMERALa defensa pública continuó su estrategia de “confrontar versiones” de las y los sobrevivientes del terrorismo de Estado para asignarles “concordancia o no” a hechos ampliamente probados en el curso de todos los juicios realizados en la provincia, sin contemplar que -justamente- es “el paso del tiempo” y el arduo proceso llevado adelante por “las víctimas-testigo” lo que permite completar “la reconstrucción del horror”. Específicamente en torno a los respectivos operativos de secuestros y posteriores torturas físicas y psicológicas a mediados de 1976 en el D2 de Rosa Gómez y de Alicia Morales y María Luisa Sánchez Sarmiento y sus grupos familiares, señaló que “pueden haber antes que vacíos testimoniales, alucinaciones producto del tiempo, invenciones inconscientes, confusiones y falsas interpretaciones guiadas por pasiones y por la ilusión frustrada de justicia”. Por tanto, considera imposible la cabal “reconstrucción del instante del hecho” en el marco de una imputación de “co-autoría”, soslayando que, por ejemplo Rosa y Alicia -que fue designada por la patota del centro clandestino para alimentar a sus compañeros y por ello pudo ver a muchos integrantes del D2 como Hugo Bracón Lescano, Manuel Bustos Medina, Francisco López, Francisco Díaz Peralta, Amílcar Canto, Alfredo Milagros Castro, Marcelo Moroy, Miguel Ángel Tello y Luis Rodríguez Vásquez-, son quienes han realizado los reconocimientos fotográficos más importantes.

Furió: mando, eslabón y cadena

En la segunda parte del alegato, el abogado Pérez Videla comenzó con las cuatro causas por un total de 28 privaciones abusivas de la libertad, 20 homicidios, 10 tormentos, 5 robos agravados, un robo simple, la supresión y sustracción de identidad de Celina Manrique Terrera, falsedad ideológica y asociación ilícita que se siguen contra el doblemente condenado y ex jefe de la División de Inteligencia del Ejército -el “G2”-, al servicio directo del Comando de la VIII Brigada de Infantería de Montaña y del general Jorge Maradona, según lo confirma documentación emanada desde el propio III Tercer Cuerpo del Ejército, por entonces a cargo de Luciano Benjamín Menéndez. Los propios archivos revelan a Furió como “un eslabón importante” en la represión, que “intercambió, recopiló, clasificó y seleccionó datos que reunían en el ámbito de operaciones” del Comando de Operaciones Táctico -COT- y la Comunidad Informativa -CI-, los cuales “sintió nombrar pero sin participar, dado que ésa era atribución sólo de los más altos jefes y del Destacamento 144”.

De campera blanca Paulino Furió junto a otros condenados en el primer juicio de la Ciudad de Mendoza, los ex policías Eduardo Smaha y Celustiano Lucero.

De campera blanca Paulino Furió junto a otros condenados en el primer juicio de la Ciudad de Mendoza, los ex policías Eduardo Smaha y Celustiano Lucero.

En su propia declaración Furió dijo desconocer los hechos concretos que se le imputan así como las víctimas que se le mencionaron, sin embargo incurrió prácticamente en la autoincriminación. Indicó que “su función en el G2 fue por etapas y en reemplazo del coronel Landa Morón”; que “sus actividades no eran de inteligencia propiamente dicha sino que estaban vinculadas a información topográfica y meteorológica atribuidas a otras áreas y jefes, no de personas; y que, “en realidad, estuvo afectado al relevamiento del personal de batallones que tenía el Ejército en Tucumán para las tareas formativas, no de reunión de información concreta sobre blancos subversivos, y también ante las hipótesis de conflicto con Chile”.

Audiencia del 3 de octubre de 2016. Informe y edición de audios de Sebastián Moro para Radio Nacional Mendoza. Fotografías: gentileza de juiciosmendoza.wordpress.com.

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