Cristian Reyes: la policía dispara y la justicia remata

Cristian Reyes: la policía dispara y la justicia remata

Horacio Mario Biasiori Bastías, agente policial que acribilló al joven en 2006 mientras corría esposado fue absuelto por la justicia provincial y seguirá en funciones: es decir, al “resguardo” de la ciudadanía. Así lo ha hecho a lo largo de esta década, logrando incluso ascender en la Fuerza. La familia de Cristian y sus abogados ya trabajan para llegar a estrados internacionales.  Se empecinan en romper el cerco de impunidad. El caso ícono de violencia institucional en Mendoza.

 

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Cristian Reyes tenía 29 años cuando fue acribillado durante un persecución policial. Huía con las manos esposadas.

El tercer juicio contra el homicida del joven Cristian Reyes inició el 5 de septiembre pasado y estaba estipulado sólo en tres audiencias. Sin embargo, las dilaciones a lo largo de todo el proceso hicieron que recién este lunes se conociera la sentencia: Gonzalo Guiñazú, juez que preside la V Cámara del Crimen de Mendoza, absolvió este  mediodía de “toda culpa y cargo” al agente Horacio Biasiori: ejecutor en 2006 del gatillazo a 40 centímetros de distancia que dio fin a la vida de Cristian, cuando tenía 28 años e intentaba huir esposado de una detención.

La querella promete presentar una vez más un  recurso de casación ante la Corte provincial. Si el trámite logra atravesar las vías jurídicas que pueden interponerse será la tercera vez  que se llegue al máximo tribunal en un caso que se considera paradigmático de la violencia institucional mendocina.

“Si las respuestas en esta última instancia continúan siendo de impunidad, no se descarta la posibilidad de alcanzar la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por la alevosía del encubrimiento policial y judicial”, dijo el abogado querellante Alfredo Guevara minutos antes de escucharse la sentencia sobre esta historia ya que  roza los once años.

El asesinato de Cristian ocurrió el 12 de abril de 2006, en Luján de Cuyo. Durante todos estos años, el policía acusado, Mario Biasiori,  no pasó una sola noche en prisión. La justicia provincial lo benefició en una probation y  y en un juicio oral anterior, también con fallo de la misma cámara. Por ese entonces al tribunal era representado por  la jueza Laura Gil de Chales, que fue revocado en 2014 bajo determinación de la Corte Suprema local. Para el inicio de este tercer juicio hubo que esperar hasta pasada la mitad de 2016. La sentencia de impunidad llegó 6 meses después.

“Tonta no soy, aprendo de las experiencias a las que ellos mismos me someten, acá no se para ni para tomar impulso”, señala Alicia Vargas, madre de Cristian, que sin descanso de una década  atravesó juicios fallidos, soportó amenazas y resistió quimioterapias continuadas.

Esta nueva condena la encontró, lo que se dice “curtida”. Su mirada punzante y los nudillos apretados lo demuestran: es cierto que no la esperaba, pero la convicción y el motor de lucha esta vez le impidieron lagrimeos. “Tardaremos en llegar, pero habrá justicia”, sabe, acompañada y asesorada de manera permanente por su abogado.

Fue gatillo fácil

Mario Biasiori, el policía investigado durante más de una década por el crimen de Cristian Reyes que no pasó una solo noche en prisión.

Aquella mañana de 2006  la División Investigaciones de la Policía de Mendoza realizó de manera equívoca un  allanamiento en una vivienda del barrio Buena Vista de Carrodilla, Luján. Buscaban a personas fugadas de la cárcel y se llevaron a Cristian por la tenencia de un arma. Al ser esposado con las manos atrás y conducido al móvil, el joven logró escabullirse por debajo del brazo de Biasiori y corrió hasta que fue impactado por el quinto de los proyectiles disparados por el policía.

El balazo dio de lleno en su pómulo derecho. Según las pericias forenses , “es imposible que haya podido sacarse las esposas, ni siquiera siendo MacGyver”, textual de la declaración en este tercer juicio de Domingo Rubén Narváez, policía que esposó a Cristian aquel día, con lo cual se derriba de plano el argumento del disparo “accidental” que salió de su 9 mm reglamentaria, y la ya consabida “legítima defensa”.

La justicia remata

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Las pintadas acompañaron el los largos meses de debate.

A lo largo de este tercer juicio terminó por  evidenciarse la actitud corporativa de los compañeros de tareas de Horacio Biasiori. A la ausencia de testigos centrales en el debate se sumó el silencio de los que sí se presentaron a comparecer ante el juez Guiñazú: “no recuerdo”, “sucedió hace más de diez años”, “ya no me acuerdo”, “no lo tengo claro en la mente ahora”, se escuchó en las reiteradas testimoniales. El trato desigual con los testigos de parte fue otro agregado que llegó a irritar la familia de Cristian y sus representantes legales.

A lo largo de todo el proceso, el Tribunal negó sistemáticamente a la querella repreguntar a los desmemoriados, además de mostrarse condescendiente con la defensa. El imputado fue tratado como la víctima a lo largo de este tercer juicio. Así fue como desde el banquillo gozó de beneficios que la familia de Reyes Vargas vio obstruidos, como asistir acompañado por sus seres queridos a la audiencia, interrumpir el debate cuando algo lo incomodaba, entrar libre y sin custodia policial a la sala de audiencias y utilizar su teléfono celular durante los debates.

Para el abogado Guevara la eliminación de pruebas clave para la investigación es “gravísima” y asegura que la justicia tendrá que responder por ello. Un claro ejemplo es el caso de las esposas: durante el debate se supo que el policía Gustavo Olguín fue el responsable de peritar las esposas que “Reyes se habría quitado durante la huida”, según la pactada versión policial. Este efectivo compareció ante el tribunal de Guiñazú y ratificó su declaración de 2006 y 2011: “las esposas que le pusieron a Reyes  no tenían fallas que pudieran provocar roturas para que zafe de ellas”.

Olguín, en la tercera audiencia habría reiterado que la última vez que revisó los grilletes utilizados aquella mañana de abril  fue en junio de 2006, es decir dos meses después del homicidio. Señaló ante el juez que encontró nuevas abrasiones “que se pueden haber hecho con algo metálico como  un martillo o un mazazo”. Cuando la querella pidió compulsa con esta prueba central la V Cámara informó que “en 2011 las esposas, fueron donadas a la Penitenciaria provincial”. Sin más.

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Alicia Vargas, mamá de Cristian se sumó a la agrupación Madres en Lucha en 2009.

Lo mismo ocurrió con el arma homicida “¿Dónde está el arma de Biasiori?”, preguntó la querella con el fin de disponerla a peritos que demuestren la imposibilidad, o no, de que el gatillo se dispare accidentalmente: “Fue entregada en 2014  al Renar (Registro Nacional de Armas) para su destrucción”, los desayunó sin titubear el Tribunal.

Obsceno nuevo capítulo en la historia de búsqueda de Justicia sobre un pibe que fue desde organismos de derechos humanos y el entramado judicial oculto se asegura fue acreibillado mientras estaba de manos atadas.

Para no olvidar

Hacia la mitad de las audiencias de este tercer juicio, el querellante contextualizó el asesinato de Cristian Reyes para demostrar la sistematicidad de hechos de violencia institucional ocurrida aquella  época en Mendoza. Recordó al tribunal que el crimen del joven ocurrió durante el año que Julio Cobos gobernaba la provincia. Meses después, la política de seguridad cobista se vio manchada por un récord de denuncias en casos letales y extremos como el de Cristian, con los consecutivos asesinatos  de Jonathan Chandía, Jonathan Oros y Mauro Morán. Todos el mismo año: 2006.

“Con solamente estos graves ejemplos podemos extraer un dato: había una situación descontrolada”. El juez Guiñazú desestimó su hipótesis. La negó, lo interrumpió y acorde con la defensa del policía acusado consideró que “no venían al caso”.

Redacción y fotos: Penélope Moro

Esta nota fue reproducida por El Otro Diario

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