NÉLIDA ROJAS EN PRIMERA PERSONA: Un antes, un después y siempre el coraje

NÉLIDA ROJAS EN PRIMERA PERSONA: Un antes, un después y siempre el coraje

Promediaba julio del año pasado, un viernes 15 por la nochecita de otra semana densa y gélida en cuanto a la realidad política y social de un primer semestre bajo Cambiemos que concluía bastante más demacrado que en el peor de los pronósticos, cuando cuatro mujeres enorgullecieron la lucha y la resistencia a partir de sus testimonios de vidas y búsquedas, de perseverancia y conciencia política. Es lo que brindaron en diálogo abierto en el Encuentro “Identidad en el mes de la Independencia”, Victoria Montenegro, Claudia Domínguez Castro y María Domínguez, a quienes se sumó Nélida Rojas, referente local de la Tupac Amaru detenida arbitrariamente hace unas semanas al promediar un tercer semestre de Cambiemos después de un segundo que nunca ocurrió. O sí, también ocurrió como con el primero -y por lo visto, con los que vendrán- y se acentuó en el “de mal en peor”, al menos para el campo popular. Y eso también lo avizoraron todas, con lucidez y templanza, con valentía y esperanza, durante dos horas en aquella enriquecedora, reparadora y conmovedora charla que organizaron la CTA de los Trabajadores, el SUTE, la Juventud Sindical de los Trabajadores y el Frente de Apoyo a Madres de Plaza de Mayo, reapropiándose de la historia y de los relatos, como se pueda redoblando la militancia en el sueño colectivo, de generación en generación, entre ellas, las de las madres y las abuelas, la de las hijas y los hijos, la de las nietas y los nietos.

“Jujuy está solo y con miedo, las calles solitarias, a cierta hora ya no hay gente, todas las noches hay cinco o seis allanamientos violentos entrando a las casas de los compañeros, les roban sus cosas, revisan y destruyen todo buscando nada, porque no se llevan nada, solamente sus televisores. Y si los chicos tienen una computadora también se la llevan. Y dicen que es del Estado porque ellos son unos delincuentes y el Estado se lo apropia”, explicó esa noche la Nely, acongojadísima por la situación general instalada y por la alevosa persecución política contra su organización a partir del encarcelamiento político de Milagro Sala, producto del autoritario revanchismo racial del radical Gerardo Morales que, ocho meses después, replicaría en Mendoza el otro adelantado buen alumno de Macri, Alfredo Cornejo. “Es el objetivo del gobierno”, insistió como tantas veces la Nely, mientras que anticipaba: “y así lo van hacer con cada uno de los dirigentes sociales”.

Yendo sin desprendimientos de lo universal a lo particular y viceversa, Nely también habló de la memoria y de la historia inaprensible para millones, del miedo social y de la inmovilidad que provoca el no perder ese miedo, de todo lo que se construyó y que hoy está en riesgo de demolición, de la pérdida de libertades y derechos. Y como en cada lucha y en cada marcha que emprendió y levantó la palabra, lo hizo desde la referencialidad innata e intuitiva del relato popular, dueña de una oralidad extraordinaria y potenciada tanto por su denunciar como por su ternura, pese a todo. De allí esta desgrabación lineal de esos quince intensos minutos suyos en los que además entrevió la necesidad de ponerse a escribir para abrir preguntas y buscar respuestas en lo autobiográfico y en lo histórico, tales como “¿Nuestros nietos irán a pasar por lo mismo que pasamos nosotros, que en algún momento de la noche nos despertábamos y no sabíamos si habíamos cenado o no? Porque veíamos que mi vieja hacía fuego y nosotros esperábamos que fuera a hacer comida. Y no, nos dormíamos en la mesa y sentíamos que nuestra madre nos elevaba y nos llevaba a la cama y a veces nos preparaba un té de yuyo y dulce, un poquito de dulce con miel para que creyéramos que habíamos comido algo”.

Historia del miedo

Gracias, buenas tardes. O buenas noches ya. En realidad, cuando entré en este salón vi como gotas de mercurio ¿viste? Cuando una está sentada acá al lado de estas personas no se imaginan el amor, la energía que se siente. Y realmente es como las gotitas de mercurio que se empiezan a unir, a convertirse en una sola. Y así es como veo que estamos nosotros, que está ahí el mercurio, que se desparrama y engendra cosas, pero con sólo acercarse se comienza a unir de nuevo con cada historia que he estado escuchando. Y una se identifica con cada una de ellas. Primero con el miedo, como decía esta hermosa nieta recuperada. El miedo. Que también es el mismo miedo que sentían los compañeros en Ledesma, cuando empezaron a marchar en Jujuy. Que dicen que le costó mucho a Milagro convencer a la gente de Ledesma para, de alguna manera, conmemorar El apagón y salir a la calle y acompañar a Olga Aredez. Y ellos me decían que según ellos pensaban, cuando fue La noche del Apagón se llevaron a sus padres, a los varones, y sus madres estaban embarazadas de ellos, y el miedo que tuvieron, toda la angustia que pasaron cuando se llevaron a sus esposos, es el miedo que ellos sintieron dentro del vientre de su madre. Por eso cuando ellos nacieron no entendían cuál era el miedo, que es probablemente el miedo que tuvo la mamá (con la mirada hacia María, primero pasando por Claudia), tú mamá (estrechó con su mano el brazo de Victoria a su lado), el miedo a la muerte, al horror, a la tortura. Miedo que de alguna manera en nuestra memoria como bebé lo guardamos ya, y después está ese “yo no me quiero meter”, ese “yo tengo miedo”. Y uno no entiende por qué está ese miedo y por qué no se pierde. Pero probablemente el miedo esté ya en el vientre de ellas, en cada hijo de los desaparecidos. Entonces por eso mucha gente dice “yo no me quiero meter, yo no me quiero comprometer”.

Todos los días un poco peor

Así lo manifestaron los compañeros en Jujuy, y hoy cuando escuchaba a la compañera decir eso, yo decía “es igual, es igual al miedo que sentían los compañeros de Ledesma y que a Milagro les costó mucho convencerlos de que había que salir a la calle”. Y agarraron ese coraje y empezaron a salir a la calle. Pero hoy es el mismo miedo el que está en Jujuy. Ya Jujuy no es el carnavalito y el olor a azahares de los naranjos. Jujuy está solo y con miedo, las calles solitarias, a cierta hora ya no hay gente, todas las noches hay cinco o seis allanamientos violentos entrando a las casas de los compañeros, les roban sus cosas, revisan y destruyen todo buscando nada, porque no se llevan nada, solamente sus televisores. Y si los chicos tienen una computadora también se la llevan. Y dicen que es del Estado porque ellos son unos delincuentes y el Estado se lo apropia. Si hay celulares también. Anoche estuvimos en el Comité con las compañeras, no en el comité radical sino en el de la Liberación por Milagro (risas), donde yo le decía a la compañera que tenía mucha bronca, mucha rabia. Y que por ahí me invade la tristeza y por ahí me dan ganas de no sé… Es como que cuando uno se levanta en la mañana, teníamos siempre algo que aportar como organización social, para construir ese país que veníamos construyendo. Y por suerte nos habían dado ese espacio y nos escuchaban y podíamos ser, de alguna manera, parte de esa construcción. Y que hoy no, mañana no, y que -“¿cómo te va? -y, hoy día un poquito peor que ayer”. Ya no podemos decir “un poquito mejor que ayer”, es “un poquito peor” nomás ahora. Y claro, si ayer Raúl no estaba preso y hoy Raúl está preso con tres compañeros más. Quedaron Shakira y Mirta, que las vimos en la carpa, Victoria puede decir porque estuvo también.

Dulce y miel en medio de la noche

Y vos sabés que le digo a Victoria : “¿qué haces vos acá? Mirá qué casualidad, mi apellido materno es Montenegro y mi hija se llama Victoria”. Mirá vos cómo son las cosas, cómo nos buscábamos, o cómo se crean las cosas, para estar sentada al lado de Victoria Montenegro. Y son historias que se van juntando y uno no cree que tiene que haber contacto, pero sí, si nos ponemos a charlar un poco a todos nos pasa lo mismo en algún momento. En algún momento, cuando estuvo Perón, decían que él implementó las ocho horas de trabajo, que por Evita pudimos votar, que para las navidades acercaban bolsones y a nadie le faltaba el pan dulce. Y todo lo demás. Pero después eligieron tan mal que nosotros nos íbamos a dormir sin comer. Mi padre trabajaba en una finca, mi madre lavaba y planchaba pero nosotros a veces no podíamos ir a la escuela porque no teníamos zapatillas. Y no estuvimos en la época de Perón. Pero eligieron mal y nosotros teníamos que esperar en el caminito a que mi hermano llegara, entonces “¡tomá! ¡las zapatillas!”, y cambiábamos las zapatillas, entonces el que iba al turno tarde usaba las zapatillas del hermano. Y nosotros no elegimos a ese gobierno. Y hoy, cuando creíamos que todo iba bien, volvimos todo para atrás y entonces digo “¿qué nos pasa a los argentinos?… se nos va rápido la memoria”. Y volvemos a elegir mal otra vez. Entonces, ¿nuestros nietos volverán a hacer lo mismo que me pasó a mí, que en algún momento en la noche nos despertábamos y no sabíamos si habíamos cenado o no habíamos cenado? Porque veíamos que mi vieja hacía fuego y nosotros esperábamos que fuera a hacer comida. Y no, nos dormíamos en la mesa y sentíamos que nuestra madre nos elevaba y nos llevaba a la cama y a veces nos preparaba un té de yuyo y dulce, un poquito de dulce con miel para que creyéramos que habíamos comido algo. Y al otro día contentos a la escuela porque sabíamos que en la escuela había queso y dulce y una taza de leche. Entonces yo digo, “¿mis nietos irán a pasar lo mismo que pasamos nosotros? (“nooo”, abuchea y grita el público), ¿volvimos a elegir mal, otra vez?” (“¡no lo vamos a permitir compañera, volveremos!”, exclamó alguien, más reconociblemente).

Mercurio

Y eso es, es que nos confíamos pensando que todos pensaban igual que los militantes. Y no es así, no pensábamos todos iguales, porque nosotros sí tenemos memoria y por eso estamos luchando y por eso somos perseguidos y por eso de alguna manera quieren hacernos desaparecer. Nos amenazan, persiguen a los trabajadores, se meten en el facebook… “¿qué están pensando estos locos que quieren cambiar al mundo?”. Entonces, lo que nos está pasando con Milagro es muy triste, ya está de más que lo repitamos porque ustedes saben que día a día, o cada tres días, o cada semana, probablemente se invente otra causa, probablemente vayan más compañeros detenidos hasta que se llenen el penal de compañeras y la cárcel de compañeros. Y a lo mejor Milagro hace la revolución desde adentro como ya lo hizo una vez. ¿Entienden? Porque a lo mejor ellos creen que le están haciendo un mal a Milagro y Milagro está como las gotitas de mercurio, le están acercando los compañeros y probablemente se empiecen a unir ahí dentro. Eso es lo que yo pienso para fortalecerme un poquito más, que ya Milagro no está sola, bueno, al principio ella estaba sola y ahora está la Shakira, ahora está la Cachila, ahora entonces se están juntando las gotitas de mercurio allá dentro del Penal. Cuando te abraza Milagro se siente su brazo fuerte, su musculatura, porque ella salta, camina, anda. La última vez, la estábamos viendo, Victoria puede decir, ya Milagro tiene su carita muy delgada y en el abrazo te das cuenta que es puro abrigo, su cuerpo se ha achicado pero su espíritu sigue intacto. Ella desde adentro nos alienta a nosotros y eso es algo que nos sorprende, porque a Milagro le quitaron su libertad. Nosotros afuera estamos sufriendo un montón, no tenemos la idea de si va a continuar el trabajo de las cooperativas, si vamos a poder terminar las viviendas de nuestros compañeros porque no hay ningún programa de vivienda social. Creo que van a dar diez mil pesos para comprar nylon y caña, porque para eso es lo que puede llegar a alcanzar el programa “Techo digno”. Con cooperativas no se sabe, no hay ningún programa de viviendas que se pueda decir “terminamos al menos lo que empezamos”. Pero estamos libres. Al menos estamos fuera. Tenemos libertad, que eso es lo más importante. Y creo que es el objetivo del gobierno, que lo planteó y lo dijo en la campaña, de que iban a detener a Milagro, al igual que probablemente quieran detener a nuestra presidenta, y así a cada uno de los dirigentes sociales.

El resultado

Pero bueno, mi cartera cambió de elementos, y me di cuenta porque me había olvidado el teléfono y me dice mi esposo: “parecés una ratona, ¿qué buscás en esa cartera?”. Y resulta que me doy cuenta después de lo que decía María, de que en mi cartera he metido un montón de lapiceras pero no sé por qué. En el inconsciente se ve que busco lapiceras y donde voy “ah, me tengo que llevar una lapicera”. Probablemente es porque tengo que empezar a escribir, por eso de que dijo María de que en su momento ella no escribió nada. Y también, lo más peligroso, pero eso pienso que debe ser por la crisis del gas o porque tenga ganas de incendiar algo, tengo como seis o siete encendedores, que tampoco sé por qué (risas). Porque tengo encendedores y lapiceras, nada más. Es verdad, y me extrañó cuando venía porque metí la mano en la cartera, esta cartera la compré en Jujuy y es como si tuviera un pedacito de Jujuy en la mano, y tenía lapiceras y encendedores, nada más. Y los documentos. Entonces digo, “bueno, puedo interpretar esto, ahora que he estado con María, y me voy con esa idea de que tengo que empezar a escribir lo que me pasa para ver también mis estados de ánimo. Y también puedo pensar en que ella dijo: “no fuimos violentas, fuimos pacientes”. ¿Y el resultado? Miren qué hermoso es el resultado de María. Entonces, con ese encendedor ya no voy a pensar que hay que quemar la Casa de Gobierno, ni los municipios ni el IPV (risas). Probablemente sea esa lucecita que necesito de esperanza, o si llego a mi casa y me han cortado el gas y tengo que prenderle fuego a algo, entonces a lo mejor voy a interpretar por eso y no por el tema de la violencia, como dicen estas personas con lágrimas (aplausos, aliento).

Rostro y materia

Entonces, quiero agradecerles a todos los que nos alcanzan esa palabra de apoyo, en estos momentos difíciles donde los medios informan todo lo contrario de lo que nosotros sentimos. Hoy estaba por apagar el televisor para quedarme con esa imagen de un Jujuy tan vivo, del Inti Raimi, de la ceremonia de la Pacha, de la inauguración de una fábrica textil, de los compañeros mostrando con orgullo el tomógrafo en ese edificio que tienen ellos, también en la escuela donde nos daban la materia que se llama Autoestima, que eso lo implementamos como una materia, la autoestima. Y la Historia del Movimiento Obrero también. Quiero quedarme con esa imagen. Y eso nadie lo va a poder cambiar, ni los medios, ni Macri, nadie va a poder cambiar la imagen que tengo, la idea que tengo sobre nuestra hermana Milagro Sala y sobre el pueblo también, tan digno como es Jujuy. Y a los que tengan dudas, es solamente 1300 kilómetros de ida que tenés que recorrer y 1300 de vuelta, obviamente. Y cuando estés allá te ponés a charlar con los compañeros de la Tupac. Y te vas a dar cuenta de por qué tienen esa imagen del Che, de Tupac Amaru, de Evita. Porque nadie nos obligó a pintar, porque eso lo queremos hacer nosotros y es nuestro cartel. Y cuando entraba, también Estelita me dice: “¿no trajiste el cartel que dice Milagro Sala?”; -No, y es porque si me vieran a mí hace unos seis meses, o siete quizás, me miran un antes y un después. Y se van a dar cuenta de la tristeza que tengo (Nelly llora). Y es un antes y un después al punto que no tengo ya ni ganas de teñirme el pelo. Es así, hasta que Milagro salga en libertad, el cartel que llevo de la tristeza y por su libertad, se lleva en el rostro. Nada más, muchas, gracias. 

27 de abril de 2017 – Por Sebastián Moro. Fotografías del Encuentro: Coco Yáñez.

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  1. María · mayo 1, 2017 Reply

    Me parece una locura esta situación somos o no libres???De elegir lo que queremos basta de miedo basta dequenos basureen por no pensar como el señor Cornejo quiero mi libertad y la de todo un pueblo porque somos PERSONAS no una cosa nos deben respeto por sobre toda las cosas

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